• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Al estilo Pinochet

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El general Miguel Rodríguez Torres, ministro del Interior, Justicia y Paz, ha respondido y sorprendido a la opinión pública al aseverar, sin que le temblara un músculo de la cara, que la agente del Sebin muerta por disparos efectuados por funcionarios de Polichacao tras una larga y furiosa persecución, fue en realidad víctima de un asesinato policial.

Según la particular y rocambolesca versión del ministro Rodríguez Torres estos funcionarios de Polichacao “indudablemente cometieron un homicidio”. Vaya, vaya. Ahora resulta que el señor ministro, que no es juez ni fiscal, ni siquiera detective, de un plumazo resuelve un caso, captura a los culpables y de paso califica por anticipado el delito: homicidio intencional.

Se nota que el ministro no le importa para nada el sistema judicial, ni las investigaciones del Cicpc, ni la recolección de pruebas ni el testimonio de los testigos, o la reconstrucción del crimen, y mucho menos las declaraciones de los agentes de Polichacao. Estos señores son los asesinos, ellos mataron a la agente del Sebin porque yo lo creo así y punto. Aquí no hay nada más qué discutir. Y si la Fiscalía se atreve a meter sus manos, pues pierde su tiempo sustanciando un expediente.

Menuda justicia exprés la que el ministro parece querer implantar en este país, que recuerda sin ir muy lejos a los paredones que pusieron en funcionamiento los guerrilleros de Fidel Castro cuando bajaron de la Sierra Maestra. Según relataba el Che Guevara, con un habano en la boca y una media sonrisa en los labios, para qué esperar las sentencias si ya hemos decidido que van a ser fusilados. Pura pérdida de tiempo.

Pero al ministro se le fue una frasecita de lo más comprometedora por el significado terrible e histórico que ella tiene. El general afirmó: Ellos cometieron un homicidio,  “independientemente de que haya sido o no un secuestro”. ¿Sabrá acaso nuestro general que el secuestro de un ciudadano por un cuerpo de seguridad civil o militar constituye, de acuerdo con la legislación internacional, un delito tan grave como un homicidio?

Vale la pena recordarle al general que en la cuarta república Jorge Rodríguez, dirigente de izquierda, fue secuestrado y asesinado. Y no fue un caso único pues existe una larga lista de desaparecidos, incluso lanzados de helicópteros en pleno vuelo.

En Chile millares de jóvenes militantes fueron secuestrados y desaparecidos por el general Pinochet. Fueron recluidos en campos militares o lanzados al mar luego de ser secuestrados por agentes policiales y militares no identificados como tales. Tras la llegada de la democracia se pudo conocer parcialmente donde fueron enterrados los secuestrados y desaparecidos.

En Argentina, durante la dictadura militar, la práctica del secuestro al estilo del cometido en Caracas por el Sebin (automóviles sin identificación oficial, agentes vestidos de civil actuando por la libre y capturando supuestos sospechosos sin orden de un juez) dio inicio a una de las más grandes violaciones en serie de los derechos humanos. Desde la Escuela de Mecánica de la Marina despegaban los aviones cargados de secuestrados que luego serían lanzados al mar.

A estos militares de Chile, Argentina, Uruguay, así como Brasil y Perú nadie los recuerda hoy por sus méritos en combate sino por sus métodos represivos. En todo caso, lo importante es que quede claro un punto fundamental: los cuerpos de seguridad de este o cualquier gobierno no pueden capturar a un ciudadano y llevárselo como si fuera un objeto, una bolsa de basura, y no un ser humano con derechos que lo protegen. Aprenda, general, que las labores de inteligencia no implican el uso a priori de la fuerza ni la práctica del secuestro.