• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Al estilo Jalisco

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El viernes nuestro editorial abordó lo relacionado con las trampas y mentiras que, una vez más, signaron la actuación de un árbitro electoral cuya misión al parecer es garantizar, a toda costa y en cualquier circunstancia, el triunfo del oficialismo y se utilizó un símil con el decir mexicano según el cual Jalisco nunca pierde y cuando pierde, arrebata; no habían llegado, entonces, a nuestra mesa de redacción las noticias acerca del tremendo arrebatón mediante el cual el gobierno ha comenzado a despojar de sus competencias a los municipios donde se impuso la unidad democrática, porque ante este hecho provoca repetir el dicho.

Luego de conocerse los resultados de los comicios municipales, fueron retiradas unidades de transporte y maquinaria pesada de los municipios fronterizos de Táchira sin que mediara explicación. En Valencia, se procedió a improvisados traspasos de competencia para esquilmar a la alcaldía por el sólo hecho de que allí ganó Miguel Cocchiola, quien supo enfrentar los torpes intentos de inhabilitar su candidatura por parte del gobernador Ameliach.

No es la primera vez que el chavismo actúa de esta guisa. El rencor y el revanchismo son marcas registradas de sus fábricas de desprecio por la voluntad popular. Recordemos que para Chávez, Ledezma fue – como lo sigue siendo para Maduro – un hueso duro de roer. De allí el invento de la autoridad única de Faría para el gobierno de la capital y la imposición de Farruco Sesto para el manejo de asuntos que conciernen al alcalde mayor, cambur ahora entregado como premio a su pobre desempeño como candidato (más afiches que votos, afirmaron en Twitter) a Ernesto Villegas.

Proceder análogo se observó en Miranda con el nombramiento de Elías Jaua para ocupar un enigmático cargo que, al parecer, no le impide ejercer al mismo tiempo de canciller, cuyo fin último es boicotear la gestión de Capriles. Y lo más grave es que estos “paragobernantes” no dominan las artes ni oficios que se requieren para cumplir con las tareas que le son encomendadas.

Ya se sabe que el PSUV y sus aliados tienen poco o ningún respeto por el sufragio; desde que se incrustaron en el poder no han cesado de ponderar a la comuna como unidad paradigmática de la organización política de la República. Sueñan con un estado comunal donde puedan mandar a placer e imponer su voluntad mediante la organización de asambleas tumultuarias en las cuales la mano alzada sustituye al voto secreto, directo y universal.

Por eso no se cuidan de infringir leyes y reglamentos a la hora de vengarse de las comunidades que no se doblegan ante sus caprichos. Porque, estemos claros, esos frenéticos arranques de centralismo afectan, ante todo, al común de la gente, que sufre con la ineficiencia inherente al crecimiento desmedido del centralismo burocrático. Lo triste es que todavía hay seres que creen que así, al estilo Jalisco, es como se gobierna.