• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El espanto de Caracas

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Por estos días, cuando Caracas estaba de cumpleaños, se desató una interesante polémica sobre la Gran Misión Vivienda, ese programa de marcado cariz electorero que Chávez, como buen prestidigitador, se sacó de debajo de la manga, no tanto para embelesar a su domesticado público como para atraer a nuevos votantes.

Y es interesante porque la confrontación enfrenta los criterios de dos arquitectos identificados con la revolución bolivariana, quienes disienten entre ellos por razones distintas. Uno, Fruto Vivas; el otro, Farruco Sesto.

Fruto Vivas, profesional de larga trayectoria, ideas atrevidas y a veces tontarronas (véase las Casas más sencillas, especie de apología del rancho inspirada en Aquiles Nazoa) ha hecho serios reparos a la apuesta inmobiliaria del Gobierno.

Dice el diseñador del Club Táchira y la Flor de Venezuela: “Desde hace más de veinte años los investigadores urbanos determinaron que en Caracas no cabe más gente ni más carros. Como arquitecto, me preocupa la mala calidad de las cosas nuevas que se hacen, inclusive las casas del Estado; ese volumen gigantesco de edificios sin lugares para jugar los niños”.

Y, aunque no cuestiona la calidad de los apartamentos que se reparten en carnavalesca rebatiña y sin que medien papeles de titularidad, Vivas es vehemente cuando habla sobre los servicios y espacios compartidos: “Esas viviendas no tienen parques, no tienen servicios, no pertenecen a una estructura urbana, son cosas puestas ahí, a lo macho”.

Son afirmaciones que refutan la idea de que en el ámbito capitalino tiene cabida otra Caracas, proyecto oficialista que defiende Farruco Sesto, ministro del poder popular, quien para enfrentar la generalizada crítica ocasionada por la improvisación inherente a la gran Misión Vivienda se vale de zarandajas como: “A estas alturas de mi vida no creo en los argumentos de autoridad sino en la autoridad de los argumentos”.

Los suyos son deleznables porque eluden el meollo de la cuestión (la de implantar edificaciones a diestra y siniestra sin tener en cuenta la demanda de servicios que ello supone) y se apoyan en una retórica discursiva tejida en torno a los antojos del héroe del Cuartel de la Montaña: “El Comandante planteaba algunas visiones que tenía y yo le confirmaba que eran posibles”.

El arquitecto y ex decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, Alfredo Cilento, que es ensalzado por Fruto Vivas como gran “viviendista”, al lado de Henrique Hernández, Carlos Raúl Villanueva y Leopoldo Martínez Olavarría, en un foro realizado un par de años atrás en la Universidad Simón Bolívar, mantuvo que “sin calidad de vida, la vivienda no es un hogar, es un refugio”.

Esta contundente sentencia debería llamar a la reflexión al ministro para quien, en referencia a sus simplezas y desatinos, el urbanista Marcos Negrón acuñó la frase “el espanto que recorre esta ciudad se llama Farruco Sesto”.