• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sin espacio para los niños

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Vergonzoso. Ese fue el adjetivo que el arquitecto Marcos Negrón, profesor del Doctorado en Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la UCV, utilizó para referirse, hace más de dos años, a la falta de crecimiento ordenado que ha tenido Caracas en los últimos 20 años y que traemos a colación con motivo de celebrarse hoy el Día Mundial del Urbanismo.

Como es fácil constatar, con un simple paseo por las aterradoras calles de esta ciudad rezagada respecto a otras para las cuales hace no mucho tiempo fue referencia –Quito, Guayaquil, Bogotá, Santiago de Chile, Medellín–, la situación no ha mejorado; muy por el contrario, ha empeorado, pues, como afirmó entonces Negrón “la ciudad no puede más y con el discurso de resolver el problema de la vivienda el gobierno va agravando los problemas”.

La verdad es que la capital no tiene más dolientes que el puñado de profesionales que, por vocación, formación, experiencia y convicción, se declara cíclicamente sobre los desaguisados que han convertido a nuestra capital y a las principales poblaciones del país en caricaturas de ciudades y chistes urbanos.

Al respecto, en un trabajo aparecido el viernes 6 de noviembre en las páginas de este periódico, Negrón vuelve a la carga al considerar que la declinación de la capital se inició en los años noventa, con la liquidación de la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano de Caracas: “Esto dejó a la ciudad sin orientación. Todavía están pendientes planes del año 1983 y a eso se sumó la crisis económica que derivó en una infraestructura obsoleta y atrasada”.

El 6 de septiembre de 2012, el editorial de El Nacional sostenía que “al retratar la ineptitud de los planificadores chavistas, se revaloriza el trabajo que antaño hicieron, entre otras instituciones, el Banco Obrero y el Inavi; y, además, se cobra conciencia sobre la calidad urbana y arquitectónica de desarrollos habitacionales como El Silencio, el 23 de Enero, Casalta, Caricuao y El Valle que son ejemplos de un saber hacer que respetaba la esencia de la ciudad, no como estas inapropiadas y fuera de escala pancadas electorales que ponen en entredicho el bolivarianismo sedicente que parece importarle poco la cuna del Libertador y ha convertido a Caracas en una ciudad a la deriva”.

Pero no se crea que las apreciaciones críticas que se hacen a la planificación, o falta de ella, que afecta a Caracas provienen de profesionales alineados con la oposición, no; arquitectos afines con el socialismo del siglo XXI han expresado su disconformidad con la ligereza conceptual y la torpeza práctica que caracterizan el tratamiento “revolucionario” de la cuestión urbana.

Fruto Vivas, por ejemplo, ha dicho: “Desde hace más de veinte años los investigadores urbanos determinaron que en Caracas no cabe más gente ni más carros. Como arquitecto, me preocupa profundamente la mala calidad de las cosas nuevas que se hacen, incluso las casas del Estado; ese volumen gigantesco de edificios sin espacios para jugar los niños”.