• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las encuestas

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Si algo ha respetado este diario en toda esta campaña electoral ha sido la no publicación de encuestas de dudosa reputación, que asignan a tal o cual candidato cifras alejadas de toda realidad. Tampoco nos hemos prestado a las campañas sucias que, desde ciertos sectores del poder, han pretendido enlodar la reputación del candidato opositor utilizando los medios de comunicación oficialistas, videos clandestinos y llamadas telefónicas intervenidas por presuntos agentes del Estado.

Nuestra actitud ha sido de respeto y equidad, pero ello no significa que hayamos sido ajenos o indiferentes ante una campaña electoral que significa mucho para el presente y el futuro de Venezuela. Tampoco hemos ocultado hechos significativos que impidan a nuestros lectores y a los venezolanos en general formarse una opinión clara y objetiva sobre el curso de los acontecimientos y sobre sus posibles resultados finales.

Esto nos permite hablar con claridad, objetividad y firmeza al referirnos al tema de las votaciones del domingo. A 3 días de los comicios hemos revisado las cifras de las principales encuestas que han llegado a nuestras manos y comparado sus resultados con aquellos que fueron publicitados hace varios meses atrás y reflejados en parte por los medios de comunicación y las redes sociales.

Ese análisis nos permite afirmar que el panorama electoral ha cambiado rotundamente y que las cifras en este momento no son favorables a quienes están en el poder. Las diferencias que en el pasado daban un margen amplio y cómodo al aspirante a la reelección se han ido reduciendo al punto de que las propias encuestadoras que antes lo daban triunfante hoy no se atreven a señalarlo en posición ganadora y le asignan a su joven opositor al menos 4 puntos de ventaja.

Desde luego, cuando se revisan los números de otras encuestadoras la ventaja opositora aumenta significativamente. Y esto lo decimos sin ánimo de convencer a nadie ni asignarle ventaja a un candidato en especial, pues a estas alturas las decisiones de los electores están tomadas y el número de indecisos sólo puede cambiar a un nivel ínfimo. Nuestro deber es informar y colocar ante la opinión pública hechos concretos producto de un análisis sensato y objetivo, sin otra intención que mostrar un cuadro de los hechos que no es definitivo y no aspira a serlo, pero que orienta a nuestro lector y a los venezolanos hasta donde es posible dibujar el terreno y sacar conclusiones.

Esto no quiere decir, como lo saben bien los comandos de los candidatos presidenciales, que la suerte esté echada y que nada puede cambiarla.
Hace falta medir el grado de organización de los partidos y movimientos, el funcionamiento de su maquinaria electoral, el control de las mesas de votación y la presencia de los testigos, así como también la vigilancia estricta sobre las actas que son las únicas constancias para validar o reclamar si se intenta un fraude.