• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los embusteros

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A estas alturas, el país sabe en manos de quién o de quiénes está: de unos embusteros compulsivos, que consideran que la salud del Presidente de la República es un asunto interno de un partido y de sus secuaces. Han privatizado una cuestión que afecta a todos los venezolanos y no sólo a un grupo de fanáticos que le exprimen el jugo a un líder moribundo, con el fin de seguir viviendo y chupando de su imagen y de su carisma para continuar activos políticamente, porque sin la luz del comandante valen menos que un cheque sin fondo.

Esos zamuros han salido a defender a gritos en la Asamblea Nacional a un Presidente que la oposición ni siquiera atacó, por respeto a un hombre moribundo que pidió un permiso para sobrevivir o, tal vez, acabar sus días en Cuba, acunado por Fidel Castro. Esa es su decisión personal y hay que respetarla.

Los diputados opositores así lo entendieron y votaron de manera unánime para que el paciente decidiera libremente su destino. Eso era lo correcto, como también lo fue discutir si era aceptable aplicar los artículos de la Constitución nacional que se refieren a la ausencia del mandatario.

A los zamuros rojitos les pareció eso una grosería, cuando en verdad era lo previsible siendo una convocatoria extraordinaria de la Asamblea Nacional en la cual, como cualquier demócrata sabe, los diputados tienen la obligación política de expresar sus criterios ante el oficialismo.

Pero los zamuros rojitos armaron un escándalo en un momento en que debería haber privado la sensatez, el respeto por un mandatario gravemente enfermo y la tranquilidad institucional, que el país entero reclama por una sencilla razón: no es usual que los venezolanos vivamos una situación de esta naturaleza.

Si algo hay que generar es confianza y serenidad, lo que no se logra con unas diputadas enloquecidas que decían disparates, insultaban a la oposición y llamaban cabaretera a la diputada María Corina Machado, algo intolerable y que, por desgracia, corta los puentes institucionales que son necesarios en momentos de crisis.

Los diputados de la oposición merecen respecto y consideración porque así actuaron ayer para aprobar de forma unánime el viaje del enfermo presidencial a Cuba, su segunda o primera patria, vaya usted a saber. No es el momento de atizar las pasiones sino de enfrentar seriamente la tormenta.

La oposición no tiene ningún interés en sacarle provecho a la gravedad de la salud del Presidente porque las elecciones de gobernadores y consejos legislativos están prácticamente decididas y quedan pocos días para que el país se exprese.

Desde luego, como lo dijimos en las elecciones pasadas, el competidor oficialista era un caballo con la pata quebrada, un engaño a los apostadores. La realidad nos dio la razón. Ganaron los zamuros rojitos, que lo obligaron a dar brincos que precipitaron su gravedad.