• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los disparates del heredero

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Otra raya más del pajarito

Hace tiempo que Maduro apunta con su dedo acusador en la dirección equivocada para señalar a los responsables de sus desatinos, en vez de exponer al verdadero culpable de tantos disparates: Hugo Chávez Frías, el eterno comandante que puso en manos de un político ignaro las riendas de un país que, como él en sus postrimeras actuaciones, estaba desmoronándose.

Así, el jefe civil del gobierno militar ha encontrado una retorcida forma de cargar sus fracasos a la cuenta de Lorenzo Mendoza y, de paso, enredar en su insólita movida electorera a Ricardo Hausmann, a quien “denuncia” por el “delito” de ocuparse de asuntos que, por su condición de empresario el primero, y de economista el segundo, les competen.

En su delirante ofensiva, fundamentada en una grabación obtenida con procedimientos oscuros y difundida ilegalmente por el presidente de la Asamblea Nacional, Maduro no sólo criminaliza a quienes nada deben –y por tanto nada temen– sino que pide enjuiciarles por infracciones inexistentes, pues la auténtica fechoría consiste en utilizar los recursos del Estado para pinchar teléfonos privados, siguiendo las pautas del G2, esa Gestapo tropical experta en violación de la intimidad ciudadana que sirve, presuntamente, de soporte logístico a los productores del “canal de los venezolanos”.

El heredero y el capitán han infringido la ley y deberían responder por ello. No sucederá. Para eso se necesita honestidad y talante democrático, cualidades que no abundan en este rojo poder público. En cambio, con sus infundios, el hombre que no ha logrado convencer de la legitimidad de su mandato, agita el avispero y lanza sobre Mendoza y Hausmann sus perros de presa. Llueven infamias e insultos; pero, sobre todo, se multiplica la estulticia de quienes, en vez de aprovechar la experiencia y la sapiencia de dos exitosos venezolanos injustamente sindicados de comandar una imaginaria “guerra económica”, quieren tapar el sol con bobalicones trinos.

Dice el vicepresidente Arreaza que Mendoza hizo fortuna en este régimen socialista. Demuestra, así, el yernísimo su craza ignorancia. En 1970, Domingo Alberto Rangel en La oligarquía del dinero se refería a la Polar como una de las empresas más dinámicas del país, y a sus dueños, esos Mendoza que nada tenían que ver con Eugenio, como empresarios de altos vuelos creativos que ya, entonces, se contaban entre los capitalistas más exitosos del país.

Dicen que Mendoza y Hausmann pueden ser juzgados por “usurpación de funciones”. Al respecto, escribe José I. Hernández en Prodavinci; “Si Hausmann habló con algún funcionario del FMI, lo hizo a título personal, no fingiendo una condición de representante de Venezuela. No hay, pues, usurpación de funciones”.

También hablan los acusetas de “traición a la patria” por conversar con un organismo (FMI) del cual Venezuela, es decir, la patria, todavía es miembro. Y, no podía faltar, el comodín, ¡asociación para delinquir! Con esta acusación los rojo rojitos se miran en su propio espejo