• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un discurso demencial

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Las últimas intervenciones del presidente Maduro son preocupantes. La afi rmación no signifi ca que las anteriores, desde el comienzo de su vida pública, fuesen coherentes y alentadoras, pero las recientes son prendas de unos dislates que no le están permitidos a un jefe de Estado, de un desdén por el raciocinio que debe parar los pelos de punta a quienes esperan palabras tranquilizadoras y mensajes civilizados de quien tiene la obligación de administrar la vida de todos los venezolanos. Invitación a los sobresaltos y búsqueda de la desunión de sus gobernados, sus palabras de los últimos días son lo más alejado de un mensaje dirigido a la salvaguarda del bien común. 

Antes de que el CNE fi jara la fecha de las elecciones parlamentarias, Maduro sugirió a la oposición la fi rma de un acuerdo para el respeto de los resultados electorales, llamado razonable al cual propinó un puntapié cuando, por fi n, el organismo electoral dijo que votaríamos el 6 de diciembre. Olvidó entonces la invitación que implicaba un diálogo al cual se había negado con obstinación, para anunciar el comienzo de lo más parecido a una guerra civil si el partido de gobierno perdía dichas elecciones. 

No solo llamó la atención sobre los perjuicios inenarrables que traería la victoria de la oposición, sino que, como si no hubiera desembuchado ya una enormidad, anunció que él mismo se echaría a la calle para impedir ese resultado que desde ahora considera adverso. 

El hombre que invitó a la suscripción de la convivencia democrática, de pronto cambia de idea para proclamar lo contrario. 

El hombre que se viste de magistrado para hablar en términos circunspectos, inmediatamente se pone la ropa de combate con la cual encabezará levantamientos callejeros cuando se convierta en realidad el triunfo de la oposición. 

No solo estamos ante unas palabras contradictorias que claman al cielo, ante un discurso carente de proporción y de lógica, ante un disparate de tamaño descomunal, sino ante faltas graves a la legislación y a la conducta que la legislación le impone al presidente de la república. ¿Qué ha hecho Maduro, aparte de desdecirse y negar lo que acababa de afi rmar, de desentenderse del signifi cado de las palabras y del peso que ellas tienen en la boca de los hombres cabales? Primero, ha censurado sin fundamento al inmenso sector de la ciudadanía que adversa a su gobierno, le ha atribuido intenciones perversas sobre las cuales le está prohibido el comentario si carece de pruebas. Segundo, se proclama como jefe de bandería y se anuncia como líder de las guarimbas decembrinas que por ahora tiene en la cabeza, pero que seguramente pretende convertir en realidad según su conveniencia. 

Maduro miente, cambia de parecer según la dirección de los vientos, dice hoy una cosa y mañana otra, como las veletas, pero, además, invita de la manera más irresponsable a la violencia. No ha perdido el juicio, pese a lo demencial de sus recientes arengas, pero quiere que lo pierdan muchos de los que lo escuchan.