• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cinco días fundamentales

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En Charleston, Carolina del Sur, se acaba de instalar la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa(SIP), la que promete ser una cita histórica para el periodismo latinoamericano pues el temario que se discutirá se centra en los problemas más agudos que sufren los medios de comunicación en esta parte del continente.

La ofensiva que los gobiernos corruptos en unión de los militares fascistas han lanzado para crear un muro de silencio que oculte la progresiva demolición de la democracia y de sus instituciones ha encendido todas las alarmas, no solo porque se humilla y maltrata al ciudadano al negarle el derecho de estar informado, sino porque detrás de ese muro se esconde una intrincada red de complicidades a escala nacional e internacional.

En países como Argentina, donde el poder del Estado se utiliza para destruir o limitar el campo de acción de los medios de comunicación independientes, la libertad de prensa está severamente amenazada desde la propia sede de la Presidencia de la República. Diarios como La Nación y Clarín, de amplia y reconocida trayectoria en el mundo del periodismo, están desde hace años bajo el asedio del imperio económico y la violencia grupal del kirchnerismo. 

Igual se comportan los mandatarios de Bolivia y Ecuador, peones del chavismo venezolano. La fórmula ecuatoriana de aprovecharse de un Poder Judicial sumiso al presidente Correa para incoar demandas millonarias contra pequeños medios de comunicación y descapitalizarlos, a tal punto que pierden la posibilidad de cualquier auxilio financiero por parte de la banca privada.

En Brasil las amenazas contra la prensa son una constante y los políticos corruptos tienen el descaro de sentirse “difamados” y ofendidos en su honor. Por fortuna, se descubrió la trama mafiosa que operaba desde Petrobras y que obtenía, por vía de la corrupción, multimillonarias coimas que se repartían entre los funcionarios y los fondos del partido del pícaro Lula y de la señora Dilma.

Buena parte de esos negocios sucios, según ha denunciado valientemente la prensa de todo el continente, se forjaron en la Venezuela chavista y militar fascista por intermedio del superministro Dirceu, mano derecha y hombre de confianza de Lula.

Hoy América Latina observa asombrada cómo estos supuestos izquierdistas y la cúpula militar fascista mete mano en el tesoro público de Venezuela y se enriquecen bolivarianamente casi tanto como Donald Trump.

Por denunciar la gravedad de estos delitos, el diario El Nacional, fundado por Miguel Otero Silva, es víctima de una maniobra cobarde que le impide comprar papel y otros insumos al dólar estipulado por el gobierno chavista para la prensa, mientras desde la Presidencia de la República se le impone un boicot publicitario.

Pero no contento con ello se le abre juicio penal y civil a una decena de directivos y colaboradores, se les prohíbe la salida del país y se les obliga a presentarse cada semana ante el tribunal. ¿Libertad de prensa o fascismo puro?