• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Un diálogo con quién?

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Los periódicos, las radioemisoras y canales de televisión del chavismo y del madurismo se han embarcado en una campaña mañosa para “invitar al diálogo”. De igual manera los columnistas, los ministros y hasta las bandas armadas del oficialismo claman por establecer un espacio para “dialogar”, reencontrarnos como hermanos y colaborar hombro a hombro en el rescate de este “ex hermoso” país que hoy está padeciendo una crisis por culpa del imperio, de Uribe y de los paramilitares.

A última hora se ha incorporado al menú de los culpables el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, el mandatario colombiano Juan Manuel Santos y, desde luego, Mauricio Macri, recién investido como jefe de Estado de la Argentina. Esta lista, desde luego, se irá alargando con el tiempo pues, como todo parece indicar, nos estamos quedando solos tanto en Europa como en Asia.

Basta recordar que Irán, país tan querido por el comandante galáctico al punto de crear una ruta aérea directa a Teherán para que los terroristas pudieran viajar sin vigilancia a sus hogares, y que además les abrió especialmente en esa misma capital iraní una sucursal de un banco bolivariano para trasegar petrodólares sin dejar rastro alguno, acaba de anunciar que no se plegará a la estrategia petrolera venezolana porque quiere aumentar su producción de crudo para recuperarse económicamente.

De hecho, acaba de hacer un multimillonario pedido de Airbus a Francia para modernizar su flota aérea comercial. Nada menos que Francia, país que participa en los bombardeos contra los yihadistas en Siria e Irak. Eso sí se llama diálogo, o mejor dicho, salto radical de talanquera islámico.

Lo cierto es que los amigos que nos echó encima el comandante en su afán de internacionalizarse nos han costado el oro y el moro y, de paso, nos llevaron no a la tumba como al galáctico, sino a la carraplana, es decir, al endeudamiento y a la ruina total, a la escasez y el empobrecimiento, a una situación de “crisis humanitaria”, con los aviones de la ONU cargados de alimentos y medicinas, como si Venezuela fuera un país africano azotado por el llamado (término en desuso) neocolonialismo más cruel e inhumano.

Diálogo pide el fosilizado JVR en su columna, diálogo clama Aristóbulo y diálogo susurra hasta Pedro Carreño. Incluso Díaz Rangel se arrepiente y se sube al autobús del diálogo para no perder su puesto de jefe, mientras le lanza elogios a Rafael Caldera y recuerda que el ex presidente indultó a Hugo Chávez y compañía. Pues no es cierto, Caldera ordenó el sobreseimiento de la causa, lo que es muy distinto y apegado a derecho. Pero a la hora de guindarse cada quien acomoda su historia.
Lo cierto es que estos gritos de diálogo ya no son más que una lloradera escondida, un hipócrita gesto de arrepentimiento tardío para disfrazar la necesidad urgente de ganar tiempo y curarse las heridas de la paliza popular que recibieron por demagogos y compradores de conciencia con taxis, neveras y casas construidas “como sea”. ¿Diálogo? A otro perro con ese hueso.