• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El diálogo

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Ayer el Presidente de la República, en una rueda de prensa, le propuso a la oposición un diálogo "franco y abierto" y exhortó a la "élite opositora" a que modifique su forma de pensar. Según la agencia AFP, el mandatario nacional aceptó que tenía que "cambiar algunas cosas, pero la oposición tiene una visión catastrófica del país. Ellos niegan casi todo lo que el Gobierno hace".

La verdad es que lo del debate siempre será necesario, pero en mala hora viene a proponerlo porque ya los dados han sido lanzados y la suerte ha decidido a su favor. Cuando Venezuela entera estaba a la expectativa para conocer, observar y juzgar los puntos de vista de los dos principales candidatos presidenciales fue justamente el propio mandatario nacional quien se negó a ello.

Lo que la oposición democrática pide es precisamente un diálogo que permita ponerse de acuerdo sobre el rumbo del país, buscar soluciones en conjunto y adecentar el lenguaje político que el Gobierno ha rebajado a mera y simple discusión de barra de botiquín.

No es cierto lo catastrófico, y así lo demostró el candidato Henrique Capriles Radonski cuando se refirió a las misiones que ha impulsado Miraflores en esta década y prometió darles continuidad, pero afinando los controles administrativos y ampliando el horizonte de los beneficiarios, hoy casi todos ellos afectos al oficialismo como si los demás no fueran venezolanos.

De manera que no hay una visión catastrófica sobre el Gobierno sino una crítica acertada sobre la desorganización presente en todos los niveles del Estado, los ilícitos que se cometen a la sombra de una buena idea, la necesidad urgente de más eficiencia y eficacia en la utilización de los recursos públicos, la improvisación en las políticas de desarme y seguridad para contener la violencia presente en las calles, barrios, urbanizaciones y sitios de recreación, en las carreteras y en las autopistas.

Catastrófico hubiera sido no mencionar algunos de estos logros sociales de los bolivarianos y lanzarlos al cesto de la basura negándoles continuidad. En eso Capriles ha sido y seguramente seguirá siendo un hombre comprometido con los avances sociales del Gobierno.

Pero no se le puede pedir ni a él ni a la oposición en general que rescinda su papel crítico que, como lo reconoce cualquier demócrata, le permite a un mandatario rectificar, afinar el rumbo y enderezar las cargas cuando las circunstancias así lo exijan.

De más está decir que el Presidente no parece sinceramente dispuesto a abrir un diálogo con la oposición, cuando de entrada y en la primera rueda de prensa desde su reelección la descalifica públicamente tildándola de "élite opositora". O no sabe lo que significa la palabra élite o desconoce que el CNE le adjudica a la oposición en sus cómputos nada menos que 6.500.000 votos.

En todo caso, la oposición se ganó el derecho de estar en el libro Guinness de los récords como la élite más numerosa del mundo.