• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La devaluación

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Entre los años 2005 y 2012 las importaciones de Venezuela se duplicaron, al pasar de 22 millardos de dólares estadounidenses a alrededor de 44 millardos el año pasado. En contraste, las exportaciones no petroleras se redujeron a casi la tercera parte, pues se contrajeron de 7,2 millardos de dólares en 2005 a 2,6 millardos en 2012.

Las cifras están basadas en los tramposos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas, aunque las de 2012 sean aproximaciones, ya que aun no se cuenta con los datos exactos de diciembre.

Lo anterior muestra un desastre en el comercio exterior que sólo ha podido mantenerse por el inmenso aumento de los precios del petróleo en los últimos años y el incremento desproporcionado de la deuda pública de la nación. El estancamiento de la producción petrolera y la obligación de destinar parte de ella al pago de la deuda hacen que tal situación se haya vuelto insostenible. Mucho más si se mantienen las destructivas tendencias de los últimos meses.

Si nos detenemos en las importaciones de 2012, tenemos que subieron de  3,1 millardos de dólares en enero a 4,87 millardos en octubre. Esto significa un aumento cercano a 60%. La tendencia se exacerba a partir de julio, lo que hace pensar que el incremento pudo haber estado motivado por razones electorales y que el actual desabastecimiento se origina en la necesidad de retornar a montos menos estrambóticos.

Si nos fijamos en las exportaciones no petroleras, es fácil observar una tendencia declinante y continua, particularmente en las de las industrias básicas del Estado. Un verdadero desastre.

El país tiene cada vez una menor capacidad de competir en los mercados internacionales y una mayor dependencia de la renta petrolera.

Exactamente lo contrario de los objetivos que se han fijado los planes de la nación, socialistas y no socialistas. Estos desvíos se originan, entre otras causas, en la insistencia estúpida e irracional de disfrazar una tasa de cambio totalmente sobrevaluada de la moneda nacional. De manera que ahora tuvieron que devaluar a juro.

El dúo Giordani-Merentes mintió y justificó la sobrevaluación del bolívar alegando que era una manera de disminuir las presiones inflacionarias.

Sin embargo, la economía venezolana presenta las más altas tasas de inflación del continente y según la Economist Intelligence Unit, de la prestigiosa revista británica The Economist, Caracas es actualmente la novena ciudad más cara del planeta.

Así que no han podido ni podrán abatir la inflación, sino que la economía nacional seguirá debilitándose de tal manera que para recuperarla se necesitarían sacrificios que difícilmente la población esté dispuesta a soportar. Lo que se nos viene encima es un Caracazo en cámara lenta.

Por ello el Gobierno se dedica más bien a inventar culpables e insultarlos, sin considerar que se trata de una bomba de tiempo que, muy probablemente, le estalle entre las manos más temprano que tarde.