• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El deterioro chavista

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Resulta poco menos que increíble pero basta con ver en la pantalla de la televisión las caras de los figurones del chavismo para recordar de inmediato cómo cambió el rostro de Noriega, el ex informante de la CIA y luego dictador de Panamá por obra y gracia de Fidel Castro, cuando fue arrestado y llevado a juicio por la represión que desató contra su pueblo usando, precisamente, la Guardia Nacional. No escaparon tampoco a ese drama los dictadorzuelos de Irak y de Libia.

Son imágenes que el venezolano no puede olvidar más allá de su cercanía política, sea esta afín al oficialismo, militante duro de la oposición o demócrata independiente. Y vale la pena recordarlas porque en estos momentos la sensatez, el respeto por la vida y por los derechos humanos ya no es una preocupación fundamental para los líderes del gobierno.

Lo único que les preocupa es mantenerse en el poder a todo trance, pasando por encima de jóvenes asesinados, torturados y encarcelados, como si esos hombres y mujeres fueran estorbos que es necesario no sólo eliminar definitivamente de la escena política y de la vida, sino que cuando sean recordados, años después, se les identifique con la etiqueta de fascistas, de saboteadores y malandros, de traidores a su patria y servidores a un poder extranjero, cosa que Maduro y su grupo saben que es falso, pero que no dejan de repetir porque se les ha deteriorado la poca dignidad con la cual se disfrazaban de revolucionarios y de adelantados que construirían una mejor sociedad y un hombre nuevo.

No ha ocurrido lo uno ni lo otro, y sus caras pierden cada día las capas sucesivas del maquillaje con el cual engañaron electoralmente a un pueblo. Ahora lo que les aflora en el rostro es el cinismo y la mentira, el engaño y la risita del pícaro que tiene el bolsillo lleno con dinero de los demás.

Pero aun desde la cumbre del poder no soportan una pequeña crítica periodística, una columna dominical escrita con ironía e inteligencia, un comentario en la radio o una caricatura sencilla y mordaz. Ese acto, propio y normal en un mundo civilizado, no cabe en su caverna prehistórica, y la furia y la ignorancia los empujan a actuar como los propios animales.

Ayer, por ejemplo, una agencia de noticias informó que el ministro de Interior, Miguel Rodríguez, reveló que había ordenado “la movilización de un batallón de paracaidistas al estado Táchira para reforzar los accesos a San Cristóbal porque se ha detectado personal colombiano que viene a cumplir misiones de paramilitares”. Mentira infantil desde cualquier punto de vista porque Táchira siempre ha sido un estado fronterizo y como tal debe estar permanentemente (y no ocasionalmente) resguardado por nuestra Fuerza Armada. Si no es así, ¿para qué existe un Ministerio de Defensa?

El jueves, la fiscal general y la defensora del pueblo se eximieron de investigar las torturas infligidas a los estudiantes detenidos por la Guardia del Pueblo. ¿Se les olvidó a estas señoras que en esos casos pueden y deben actuar de oficio, o es que la tortura ya está legalizada en Venezuela?

En el multitudinario acto celebrado ayer en Caracas,

Henrique Capriles denunció “18 casos de torturas que constan en expedientes judiciales de personas detenidas durante las protestas”. De igual manera señaló los casos de Luis Boada, René Boltán y Néstor Gil, golpeados y rociados con gasolina por la policía, que los amenazó con lanzarles un fósforo encendido.

¿Duerme usted bien, Maduro? ¿Duermen bien sus camaradas? ¿Saben que la historia los recordará por estos asesinatos de estudiantes y por estos actos crueles contra jóvenes indefensos?