• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El deshonor de un diputado

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Cuando un diputado es elegido por el voto popular se supone que establece un compromiso con la región que lo escogió por sus virtudes y no por sus defectos, por su sinceridad y no por sus mentiras, por su coraje y no por sus miedos. Pero el diputado Héctor Rodríguez, jefe de la bancada chavista en la Asamblea Nacional, da la impresión de que no pasa el examen para llegar a la posición que desempeña en la actualidad.

Aparte de subir constantemente, sin ton ni son, los escalones que conducen al sitio que como presidente de la AN ocupa Henry Ramos Allup solo para cuchichearle alguna sandez, el señor y diputado Rodríguez recoge sus pasos y vuelve a su curul con la misma actitud de quien utiliza una escaladora en un gimnasio. Este ejercicio le permite a Rodríguez mantenerse en forma, no sabemos para qué o si es simplemente por recomendación médica. Lo cierto es que ya los diputados de oposición hacen apuestas y hasta una quiniela sobre el número de veces que subirá en cada sesión.

Pero cuando se trata de ocuparse de los problemas del estado Bolívar, de donde es diputado aunque nació por los lados de Barlovento, al señor Rodríguez le entra un ataque de amnesia. No se acuerda de los graves problemas que padece la región que ingenuamente lo eligió. Nada sabe de los atropellos que se cometen a diario contra la población no solo por las pandillas armadas que merodean por los pequeños pueblos donde se explota ilegalmente el oro, sino también por bandas que gozan de la protección de ciertos caimanes oficialistas de dientes muy afilados.

El subidor de escalones nada sabe, nada ve y, desde luego, nada llega a sus oídos. Debe ser porque está atento al ruido que hacen sus zapatos al cumplir con su rutina gimnástica de cuchichearle algo a Ramos Allup. Pues en ese ir y venir estaba cuando alguien de su bancada le comunicó que en Tumeremo estaba ocurriendo algo grave, se hablaba de una treintena de mineros desaparecidos y hasta de una cruel y horrible masacre que el gobernador Rangel negaba con grandes aspavientos sin ocuparse a fondo del asunto para, de alguna manera, poner en claro qué había ocurrido en verdad.

Desde luego, y como era de esperarse, los diputados de oposición sí acudieron con la rapidez necesaria para escuchar a los vecinos que denunciaban de buena fe la desaparición de sus familiares y, como es lógico, exigían verdades y no mentiras lanzadas al vuelo. Eso bastó y sobró para que el diputado Rodríguez hiciera a un lado sus ejercicios en los escalones de la Asamblea Nacional y entrara en escena con el mismo tono de la momia que habla los domingos por televisión, es decir, fantaseando mentiras a cual más enloquecidas.

Como para muestra basta un botón, al diputado gimnasta se le ocurrió una idea genial y aseguró ante los periodistas de Globovisión que existen denuncias que “vinculan a diputados opositores con bandas delictivas dedicadas a la minería ilegal, que podrían tener responsabilidad en la desaparición de un grupo de mineros”. ¡Ay, peló el escalón!