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EDITORIAL

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El desembarco de China

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La sexta cita de presidentes del grupo Brics ha dado, con toda razón, mucho de qué hablar y como que también dará mucho qué hacer, especialmente en Latinoamérica.

Los cinco socios de este grupo comparten, sin duda, diversos grados de expresa inconformidad con el orden político y financiero internacional. Pero hay entre ellos, no sobra repetirlo, países muy poco ejemplares en lo de practicar y defender políticas que promuevan el orden mundial más justo y de igualdad de derechos y oportunidades que pregonan.

El anuncio más visible de esta sexta cumbre fue, sin duda, el compromiso de fundar el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia, suerte de Banco Mundial y FMI alternativos. Si la idea del banco fue del gobierno de la India hace casi tres años, en lo aprobado en Fortaleza ha sido fundamental el empuje chino, ya no solo por el capital propio que ha ofrecido, sino por la red de intereses energéticos, comerciales y financieros con que cuenta en este lado del mundo.

Desde las perspectivas de la economía y la política internacional, las dos nuevas instancias financieras se presentan como desafío al sistema multilateral convenido en la estela de Gran Guerra. También se trata de una jugada de China que deja ver, cada vez con menor disimulo, su vocación de potencia mundial con intereses consolidados en Latinoamérica.

El presidente Xi Jinping no solo estuvo en Brasil, sino que siguió a Argentina Venezuela y Cuba. Hace un año había visitado México y Costa Rica. Ya con la idea de crear un foro permanente entre China y Latinoamérica, Xi Jinping promovió el encuentro en Fortaleza con los presidentes del llamado cuarteto de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, los mandatarios de Ecuador, Cuba, Costa Rica y Antigua y Barbuda. A finales de este año el foro tendrá una primera cita de cancilleres y el año próximo, en Pekín, la de jefes de Estado y de Gobierno.

China se retrató en Brasil como una potencia que ha ganado significativa presencia económica en Latinoamérica, mientras Estados Unidos y Europa pierden terreno. Ahora se trata de cultivar vínculos, ya no solo bilaterales, que le permitan atender sus necesidades e intereses y proyectar su influencia internacional. A la vez, quiere verse reconocida como ponencia que, a su turno, desconoce principios y prácticas que han sido esenciales en el orden comercial, financiero, político y de derechos humanos instaurado, de sobresalto en sobresalto, desde mediados del siglo pasado. Por aquí en Latinoamérica va encontrando China el mercado para todas esas “mercancías”.

Aunque hay cierto escepticismo sobre las posibilidades de que se concreten las instituciones financieras acordadas, no parece haberlas a la hora de darle la bienvenida al desembarco chino en Latinoamérica, aunque no falten tensiones resultantes de la competencia desleal, aunque se dejen encerrados en los camarotes el tema de los derechos humanos.