• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

La derrota de la soledad

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Las visitas que tanto esperamos
 
 
Ayer en nuestra edición dominical publicamos las declaraciones de dos ilustres ex presidentes y premios Nobel de la Paz, Oscar Arias y  Lech Walesa, así como también las palabras de Naomi Tutu, hija de Desmond Tutu, defensor incansable de los derechos humanos en Suráfrica y valiente luchador contra ese horror histórico llamado apartheid, una herida tan aberrante y profunda que tardará muchos años en cicatrizar.
Para el periodismo venezolano, crítico e independiente, esta visita tiene una significación muy especial porque se trata de tres personalidades que han participado en procesos fundamentales para el restablecimiento de la democracia y la paz en el mundo, durante los cuales muchos activistas fueron encarcelados, torturados o murieron en prisión.
La prensa libre los defendió, publicó sus denuncias, criticó las condiciones perversas de su encierro en celdas inmundas y exigió que fueran puestos en libertad porque se les juzgó ante tribunales serviciales con el poder.
Hoy Venezuela sufre de males parecidos debido a que un grupo de aventureros civiles y militares han destruido el país, al tiempo que saqueaban los dineros provenientes del petróleo y se sometían, contrariando los mandatos de la Constitución nacional, a las directrices de un líder extranjero que, por lo demás, está señalado a escala mundial como un dictador de la peor especie, al cual se le atribuyen con toda razón centenares de asesinatos.  
Los medios de comunicación independientes han señalado por años la inmensa soledad en que estaba la oposición y el silencio de otros gobiernos ante la desgracia que sufríamos los venezolanos. Muchos gobiernos alcahuetes cedieron su honor y perdieron la vergüenza  ante el ofrecimiento de recibir petróleo barato.
Por fortuna esa soledad ya no existe de la manera tan brutal y chantajista en que había sido impuesta. Nuevos gobiernos, activistas valientes y pueblos mejor informados han derrumbado el pérfido cerco tendido en torno a Venezuela. Hoy esa estrategia ha dado un vuelco histórico y los que están azotados por la soledad son los grupitos de facinerosos civiles y militares, ahora reconocidos abiertamente como los autores de este monumental fraude político, social y económico.
Venezuela siente hoy un apoyo internacional que anuncia no solo el restablecimiento de la democracia y la libertad, sino también la necesidad de acelerar los cambios que permitan sacar al país de la ruina moral y material que ha dejado esta pandilla de aventureros.
Damos las gracias al ex presidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz Oscar Arias, por devolvernos las esperanzas, al líder sindical victorioso Lech Walesa, que derrotó al comunismo y enrumbó a su país hacia la libertad y que  recibió no solo el premio Nobel sino también el mandato popular para presidir el gobierno de Polonia. Van también las gracias a Naomi Tutu (hija del inolvidable Desmond Tutu), una mujer valiente que se enfrentó al apartheid sin perder la dulzura de su sonrisa.