• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

¡No me defienda, comadre!

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El 11 de septiembre pasado se cumplieron 14 años del atentado terrorista perpetrado por Al Qaeda contra el World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington. Para conmemorar la destrucción de esos emblemas de “la fase superior del capitalismo”, es decir, el imperialismo, y con simétrica crueldad, la jueza Susana Barreiro sentenció, con igual número de años de prisión a los transcurridos desde ese atentado criminal, al máximo líder de Voluntad Popular, Leopoldo López. Todo ello para satisfacer las ansias de venganza del capitán Diosderrota Cabello.

Ayer, a tres meses de esa condena tan amañada que hizo salir en volandas al fiscal Franklin Nieves, la magistrada (cuesta llamarla así) fue recompensada por su impecable e implacable desempeño como perseguidora de la oposición y se le nombró defensora pública general (las mayúscula le quedarían grandes), por iniciativa de la menguante asamblea regentada por el antropopiteco monaguense.

No es una ironía, ni siquiera un sarcasmo, que a una feroz cazadora de brujas alineada con el Ejecutivo se le haga responsable de “garantizar el derecho constitucional y el derecho a la defensa de los ciudadanos”. Es, como señaló el diputado de la MUD Hermes García, una ofensa: “Esta doctora (¿?) ha sido profundamente cuestionada en su actuación ética y moral”, afirmó.

Pero qué puede esperarse de esos apresurados nombramientos con los que el Capitán Derrota procura apuntalar al régimen, haciendo caso omiso del clamor popular que, el pasado 6-D, manifestó su rotundo rechazo al ejercicio ventajista del poder. Es curioso que quienes se rasgan las vestiduras proclamando su amor incondicional al pueblo, desoigan su mandato para hacer lo que les viene en gana.

Vox populi, vox Dei, reza el proverbio latino; pero qué va saber un rústico chafarote lo que entraña ese latinajo. Y eso que más de una vez oímos, en sus interminables cadenas, al comandante eterno afirmar que el soberano siempre ha tenido la razón.

Una aseveración hipócrita, porque cuando ese supuesto objeto de su reverencia le dijo no a sus pretensiones de constitucionalizar la satrapía vitalicia, salió a reprocharle su “mal agradecimiento”, y a sostener, en vivo y en directo, que aquel triunfo de la sensatez era una “victoria de mierda”, pírrica, dijo también, haciendo un uso atroz del adjetivo.

Esa troupe de obedientes diputados rojos, que continúa sin entender que por actuaciones similares los votantes les dieron una histórica paliza, se dispone a seleccionar 12 nuevos miembros del TSJ que estarán prestos a satisfacer los caprichos del Ejecutivo.

Ya hemos visto como el poder moral, la defensoría del pueblo –de Germán Mundaraín a Tarek William Saab, pasando por el inefable lector de miradas, Isaías Rodríguez, y la decorativa Gabriela del Mar Ramírez– siempre se ha cuadrado con el gobierno. No hay que pedir peras al olmo, pero sí esperar lo peor de esas impensadas designaciones ¿Cómo puede calificarse de moral a un poder originado en la inmoralidad?