• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las culpas de Colombia

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Un reciente incidente en la frontera colombo venezolana ha facilitado a Maduro un conjunto de comentarios, a través de los cuales se delatan la irreflexión y la improvisación que determinan las relaciones con el vecino país.

El incidente es grave, ciertamente, y requiere una minuciosa investigación, pues se trató de una emboscada contra fuerzas venezolanas que dejó como resultado tres heridos de consideración. El cierre de la frontera por 72 horas no parece una medida inconveniente, si permite operaciones de inteligencia que deben realizarse de inmediato. Sin embargo, las palabras de Maduro entorpecen la seriedad que debería caracterizar el tratamiento del asunto.

A la hora de buscar culpables, Maduro la emprendió contra la oligarquía colombiana. Sus prédicas a través de la prensa y su influencia en la política colombiana están relacionadas con el incidente, se atrevió a asegurar. Los apellidos de las familias encumbradas durante dos siglos ignominiosos están presentes en el suceso. Así como han sembrado cizaña entre su país y Venezuela, ahora se encargarán de tergiversar los detalles del suceso y las palabras que él pronuncia de buena fe.

¿Tiene sentido semejante elucubración ante el hecho concreto de un atentado que requiere un método preciso de investigación para llegar a resultados convincentes? ¿Para qué un discurso tan genérico, tan usado y trasnochado?

Los recovecos de la intervención presidencial ofrecen la respuesta, no en balde afirmó, sin parpadear siquiera, que la masiva emigración de colombianos hacia Venezuela, ocurrida en los últimos años, se debía a la situación de felicidad social que se había establecido aquí debido a la revolución bolivariana.

Los colombianos se vuelcan hacia nuestra tierra con más ímpetu que nunca debido a la paz que ahora reina entre nosotros, al estricto respeto de los derechos humanos que ha impuesto el bolivarianismo, a los cuidados médicos que el Ejecutivo ofrece y a la seguridad del alimento que no es sino fantasía insensata en la otra ribera del Arauca.

Se le ruega al lector que no tome estas afirmaciones como parte de una broma que se hace con los amigos en el bar de la esquina. Así se expresó el presidente Maduro en cadena nacional, cuando comentó los hechos que provocaron la referida emboscada.

Aseguró además que el contrabando que se ha convertido para el gobierno en un problema de características bíblicas, obedece a los intereses y a la falta de escrúpulos de los comerciantes colombianos y de los propios habitantes neogranadinos de la frontera. De este lado no hay responsables, aquí todo es moralidad militar, vigilancia y eficacia de las fuerzas de seguridad, límpidas intenciones de la ciudadanía.

El pecado empieza en Cúcuta y termina en Bogotá, por lo tanto. No otra cosa se desprende de las palabras de Maduro al considerar un incidente grave que requiere precisiones y seriedad, en lugar de demagogia barata. Aquí sí estamos frente a una emboscada, pero contra el tratamiento objetivo de los hechos.