• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El culpable

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En este espacio editorial nos complace citar los despachos de las agencias internacionales. Y lo hacemos, en primer lugar, porque son elaborados por periodistas profesionales que no se prestan a manipulaciones políticas o de otro tipo. Para el Gobierno, el resto de los trabajadores venezolanos de la prensa son "agentes de la derecha fascista, están pagados por la CIA, y son ovejas obedientes de los intereses de los dueños de los medios".

Con ello no sólo ofenden a nuestros profesionales de la comunicación, sino también a los sindicatos y gremios que velan permanentemente para que se mantenga el equilibrio necesario al momento de informar a los lectores.

Pero a pesar de la multimillonaria propaganda de descrédito contra los periodistas venezolanos, los despachos de los corresponsales extranjeros reflejan lo mismo que recogen en sus informaciones los profesionales de aquí que, por encima de cualquier inclinación política personal, nunca pierden el horizonte de la certeza y el equilibrio.

Esto debe ser reconocido en un enrarecido ambiente político donde todo el mundo desde el Gobierno miente y trata de enredar
los hechos.

Y tocamos este punto porque en la Asamblea Nacional se ha producido un hecho de violencia de una magnitud que sólo se ve en las películas que tratan de la guerra de mafias en Nueva York, donde si alguien no paga o se somete a las bandas extorsionadoras mafiosas es objeto de palizas y campañas de descrédito que le convierten en el apestoso del barrio.

Desde luego, nada de eso pudiera ocurrir si desde la cúpula de la Asamblea Nacional no se le diera luz verde al odio, a la intolerancia y a la violencia contra los que no están en un plan de convertir la sede de la AN en un ring de boxeo sino en foro de discusión de ideas.

Pero piensen ustedes que si los otros no tienen ideas acuden a la violencia pura y simple para ejercer su superioridad. Sin embargo, la violencia, como la llama de una vela, tiende a apagarse poco a poco y los que la pregonan quedan reducidos a la nada.
Esa es la esperanza de Maduro ante Diosdado.

Ayer Nicolás Maduro instó a Henrique Capriles "a aceptar su derrota, luego de que la oposición anunció que impugnará los resultados electorales este jueves". Desconoce Maduro que no hay otro camino pacífico que acudir a las instancias de que el sistema democrático dispone ante las dudas que puedan surgir por unos comicios plagados de irregularidades.

Pero Maduro le teme tanto a Cabello y a los gobernadores militares escogidos por Chávez que, quiérase o no, tiene que adoptar el
lenguaje de su enemigo político en la lucha por el poder: "¡Fascista mayor, fuiste derrotado, acepta tu derrota, basta de pataleos, de lloriqueos!", exclamó Maduro en un discurso en la plaza O'Leary.

Lo que pasa es que Maduro dirigió, junto con el "doctor" Fidel Castro, toda la operación que llevó, en un deslave de errores médicos, a Hugo Chávez a la tumba. Ni el papa Francisco lo absuelve.