• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Como era de esperase y haciendo gala de su gusto por la trapacería y el embaucamiento, el multiministro y jefe para cualquier cosa que haga falta –aunque no tenga ni la menor idea de lo que está diciendo– ensayó otro de sus actos de ilusionismo y sacó nuevamente su manoseado conejo de la aún más manoseada chistera de trapisondista para revelarle al heredero quién es el verdadero culpable de la crítica situación planteada por la disminución de vuelos y la reducción de asientos (con tendencia a cero) por partes de las líneas aéreas internacionales.

Es Fuleco, dijo, con la determinante alevosía de un acusador incondicional, de un patriota cooperante. ¿Culeco?, preguntó el señor Maduro, entre incrédulo y asombrado.

¡Qué culeco ni qué ocho cuartos! –respondió el petroministro–, Fu-le-co, con efe de fascista.

¿Y se puede saber quién es ese tipo?, inquirió Nicolás.

Pues…un cachicamo, dijo Ramírez.

De esa guisa imaginamos la conversación entre esos dos capitostes del gobierno que, como les enseñó el eterno y resplandeciente comandante galáctico, buscan siempre culpables fuera de su entorno, en un continuado yo no fui de nunca acabar.

Tal vez Ramírez no se haya explayado explicándole a Maduro que Fuleco es un “armadillo brasileño de tres bandas” que tiene la capacidad de plegarse sobre sí mismo y formar una esfera perfecta y que, por esa peculiaridad y por estar en peligro de extinción (argumento ecológico), fue designado mascota del Mundial de Fútbol 2014.

Ignoramos si entre las habilidades del zar petrolero cuenta el hablar en parábolas valiéndose de metáforas, lo cierto es que creyó dar en el clavo cuando se atrevió a afirmar que las empresas internacionales de aviación estaban desviando su vuelos hacia Brasil, una mentira para el libro Guinnes que, a dúo, insultan la inteligencia del venezolano, atropellan la razón y le faltan descaradamente el respeto a una población harta de alimentarse con excusas.

En declaraciones a CNN, el vicepresidente regional de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), Peter Cerda, advirtió que de prolongarse el impago de alrededor de 4.000 millones de dólares que adeuda el gobierno a las aerolíneas, éstas tendrán que cesar sus operaciones en Venezuela.
Esa descomunal deuda es el verdadero motivo de la crítica situación que amenaza con aislar a nuestro país del resto del mundo. Ha sido la morosidad contumaz de un gobierno maula la que ha colocado a la aviación comercial entre la espada y la pared, obligándola a tomar una decisión que, según Cerda, es “
complicada para las líneas aéreas”.

Aun así, el dúo Maduro-Ramírez insiste en sacudirse las responsabilidades que los vinculan, a uno como aparente jefe de Estado, y al otro como suprema autoridad del área económica, con el lamentable estado de cosas que se empeñan en disfrazar con sus descabelladas conjeturas.

Lo más grave de este asunto que podría ser tomado en broma, a no ser por la serias y graves implicaciones que conlleva, es que la falaz y tendenciosa tesis oficial puede ser modelo a seguir por la catajarria de ministros y viceministros que viven permanentemente lavándose las manos, para aseverar que no hay medicinas, ni leche, ni papel higiénico, por ejemplo, porque estos productos están siendo enviados a otras latitudes para satisfacer demandas emergentes, maniobra, claro está, orquestada por la derecha reaccionaria, la burguesía criolla y el sionismo transnacional, siguiendo los dictámenes de Washington, Bogotá y Tel Aviv.

No obstante esas truculentas justificaciones de las carencias que padecemos, el gobierno ha sido blanco de burlas en la escena internacional. Mas eso a Maduro le sabe a soda y quizá, en sintonía con el mundial, cante: “Em casa todos meus camaradas me respeitam”.