• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Fuera de control

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Asombro e indignación causaron las más recientes declaraciones de Adelina González, contralora encargada desde hace tanto tiempo que ya nadie repara en que su titularidad es provisional y que su interinato se ha prolongado más allá de lo admisible por el sentido común. La funcionaria a cargo de ese poco efectivo bastión del Poder Moral que es la Contraloría General de la República se refirió a las llamadas ³empresas de maletín², esa trampa jaula montada por vivianes y enchufados para hacerse con los dólares que, por preferenciales, debían ser destinados a satisfacer las carencias que golpean de continuo al aparato digestivo del ciudadano común; y, para sorpresa de todos afirmó que se trata ³de un asunto complejo². Por supuesto que lo es para quien teme poner el dedo en la llaga de la corrupción no vaya a ser que la agarren con ella y la avienten del modo que han hecho con todos aquellos que se han atrevido a buscar lo que no se les ha perdido y terminan como la jueza Afiuni o como el renegado Giordani.

Asombra que la señora González haya abordado el asunto desde la óptica que lo hizo porque, tratando de explicar lo inexplicable, no hizo más que confundir a quienes aspiramos a que los dineros públicos sean administrados con honradez y transparencia, y a que quienes deben velar porque así sea cumplan con el cometido que se supone les corresponde. Pero no; la incompetencia se refugia en comisiones (³Existe una comisión especial designada por el ejecutivo, bla, bla, blaŠ²), esas instancias burocrática de las que alguien dijo que si tuvieran que diseñar un caballo, seguramente les saldría un camello, y en las que las cuestiones en agenda son peloteadas entre subcomisiones ad hoc que casi nunca pasan de redactar un informe para justificar el tiempo perdido sin aportar soluciones al problema que se les encomendó.

Causa estupor y mucho que la Contraloría de la República no tome el toro por los cachos y abra un investigación seria a fin de encausar a los que, vox populi, son sospechosos de haber organizado las entidades fantasmas que robaron a la nación, tal vez con cierto grado de complicidad por parte de autoridades cambiarias, para encausarlos, encarcelarlos, confiscarles los bienes mal habidos y, así, sentar un ejemplar y aleccionador precedente que devuelva al organismo de control que, por ahora, dirige la señora González, la confianza de la que gozó cuando hombres como Luis Pietri, Manuel Rafael Rivero o José Ramón Medina, entre otros republicanos de comprobada vocación de servicio, hicieron de ella una institución ejemplar.

Pero, si logramos superar la estupefacción, seremos presa de la indignación.

Sí, pues esto es lo que produce la tranquilidad con que Adelina González asevera que la cuestión investigada requiere de paciencia por parte del ciudadano y, a modo de consolación explica: ³El Estado está trabajando y la parte que le correspondió hacer a la Contraloría la hicimos, y ahora hay varias instituciones trabajando para darle respuesta al país². Es decir, que la doña se sacudió olímpicamente del ³asunto complejo² para dedicar su tiempo y esfuerzo a instar a ³las personas que ejercen cargos de alto nivel o de confianza en todos los órganos del poder público, estatal o municipal a actualizar su declaración jurada de patrimonio a través de la página web de la Contraloría². De buena o mala fe, esperamos que sea de la primera, lo declarado por esa representante de interminable suplencia hace pensar que la función contralora no se está ejerciendo como es debido y, es más, pareciera que en el fondo este régimen no tiene quién lo controle; para reducirlo a seis palabras, el país está fuera de control.