• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Cuál constitución?

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Vale el esfuerzo de contestar los grises argumentos del ministro de Comunicación cuando llama al chavismo a movilizarse para conmemorar el 55 aniversario de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Desde luego llama la atención que el joven funcionario, que de seguro no vivió aquellos momentos, llame a conmemorar lo que en realidad fue un estallido popular tan amplio y generoso, política, militar y socialmente, como nunca antes se había vivido en la Venezuela moderna.

La gente salió a la calle no sólo porque un gobernante avergonzado y humillado por sus propios compinches militares que le habían dado un puntapié histórico, tomó las de Villadiego desde La Carlota en un avión despectivamente llamado la vaca sagrada, sino porque detrás de toda aquella conspiración aparentemente golpista existía una unidad y un empuje de las fuerzas políticas, sindicales y de la clase media que, como un maremoto, quería por encima de todo restablecer la democracia.

Existía además años de sacrificios y luchas civiles, de torturas y persecuciones, de exilios y asesinatos de dirigentes que, por su estatura moral y ética, por su lucidez y su arrojo, hacían temblar a los poderosos militares y a sus perros guardianes que los perseguían, los torturaban y, paso a paso, los condenaban a muerte en una emboscada en las calles de Caracas o del interior del país.

Esos muertos, esos héroes de verdad, esos líderes y esa multitud de gente humilde que corría el riesgo día a día al trasladarlos y protegerlos de la policía del régimen, esos no tienen cabida hoy en la celebración que ha montado con tanta pompa el Gobierno.

Es que, por desgracia, son muertos de Acción Democrática, del Partido Comunista de Venezuela, de URD y de los movimientos militares que repelían a la dictadura. Esos ¡ay! no serán recordados hoy en la marcha del oficialismo porque molestan a la conciencia histórica del chavismo, esencialmente golpista, moral y públicamente afecta a Pérez Jiménez, como bien lo expresó tantas veces el hoy exiliado enfermo y presto a regresar presidente Chávez.

Los crímenes de la dictadura tampoco serán motivo de rechazo porque entre militares no se pisan los callos.

Años de represión militar, de corrupción entre coroneles y militares que se hicieron ricos, como dicen hoy, a la sombra del poder mientras el país compraba armas, modernizaba su fuerza aérea, la naval adquiría destructores y creaba una base naval en Turismo sólo para idiotas porque la salida de la bahía era tan estrecha que bastaba con hundir un barco en el canal para invalidar el resto de la flota allí anclada.

Respaldar al presidente Chávez un 23 de enero sobre un montón de cadáveres, de torturados, de sindicalistas perseguidos y exiliados, de políticos encarcelados y de una sociedad asustada es una equivocación de marca mayor.

Seguimos asustados pero con inmensas ganas de no aceptar más yugos. Cuidado.