• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La conjura del mondongo

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Un ministro en interiores que administra justicia con criterios sumarios en las antípodas de la equidad y gestiona la paz con argumentos belicistas se convirtió el pasado viernes 2 de mayo, tal vez para divertir a los trabajadores que el día anterior celebraron su día, en el hazmerreír nacional cuando hizo público un plan para derrocar al señor Maduro; la falta de seriedad de su denuncia provocó que un vocero de la Mesa de la Unidad Democrática lo comparase con el “temible e inefable operador del recontra espionaje” conocido como Súperagente 86 y que el alcalde metropolitano lo llamase “detective chimbo del siglo XXI”.

Una calificación hilarante, pero imprecisa, porque es evidente que el funcionario objeto del símil no se comporta como ningún investigador de enigmas o misterios, sino como un policía de punto, y también es notorio que se trata de un personaje dieciochesco que parece trasladado a nuestros días por una traviesa máquina del tiempo.

Como uno de esos siniestros y manipuladores áulicos que vemos en las películas de capa y espada forjando pruebas para deshacerse de reyes y cortesanos, este Fouché de pacotilla ha urdido una trama para enredar a Raimundo y todo el mundo en una complot orquestado, ¡como siempre!, desde Estados Unidos por el Departamento de Estado.

En la comparsa estarían participando, además de un “aviador” y los ex presidentes de México y Colombia Vicente Fox y Álvaro Uribe, unos 58 extranjeros (32 españoles, 15 colombianos, 3 italianos, 3 árabes, 2 argentinos, 2 chinos y un ciudadano estadounidense). Estos últimos permanecen detenidos sin que se hayan dado a conocer sus nombres.

Un proyecto insurreccional que ha requerido de una década para cristalizar ha debido cocinarse a fuego lento, lentísimo y, quizá por ello, el mayor general se apresuró a avivar su hornilla para montar una gigantesca olla donde se pudiese preparar un mondongo insurgente que alcanzase para tutilimundi. Para ello, el ministro denunciante se valió de un informe que nada tiene de confidencial y que era del conocimiento de los cancilleres de Unasur, haciendo un ridículo tan grande como el guiso y la marmita en que lo cuece con ingredientes caducos.

No puede ser tildado sino de “infantil echonería” el presentar como resultado de un labor de inteligencia pruebas que no son tales y que además se consiguen en la web, y así lo hicieron saber los dirigentes de la oposición en el comunicado que redactaron para enfrentar unas acusaciones dirigidas ¡una vez más! a distraer al ciudadano de los problemas que le atañen y que la revolución no está en capacidad de resolver.

Esta conjura mondonguérica fue, tal vez, aliñada con hierbas y especias habaneras y elaborada con la experta sazón de cocineros cubanos, especialistas en confeccionar platos condimentados con falsas imputaciones y con sabor a venganza, que no es sinónimo de justicia como parece creer el ministro.

Por eso los sirvió fríos en esa desopilante rueda de prensa en la que su dedo acusador mostró fotos para implicar en la conspiración a una larga lista que incluye a los alcaldes de Chacao, El Hatillo y el Distrito Metropolitano, así como a Delsa Solórzano, María Corina Machado, Freddy Guevara, Carlos Vecchio, Juan Requensens, Gaby Arellano, Rocío San Miguel, Gonzalo Himiob y un largísimo inventario de políticos de la disidencia cuya enumeración agotaría este espacio.

Si a este contingente se suman los militares detenidos bajo sospecha de confabular para serrucharle el piso al jefe y los comerciantes y empresarios señalados por éste como objetivos de la guerra económica, tenemos un espectro sedicioso de tal envergadura que resulta inexplicable cómo es que no lo han puesto de patitas en la calle.