• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Las comisiones millonarias

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las noticias sobre América Latina resaltan estos días como las luces de un árbol de navidad. Algunas son positivas y generadoras de esperanzas, otras son humillantes para nuestros pueblos porque ponen de relieve la podredumbre que trajo el populismo izquierdista junto al hoy destartalado socialismo del siglo XXI, una estafa política que recorrió esta parte del continente americano y que dejó a los pobres y a los trabajadores extremadamente más pobres que cuando esta pandilla de demagogos asaltó el poder predicando un evangelio basado en la igualdad y el bienestar para todos.

Cuando calificamos de asalto este desembarco de aventureros y pillos de toda calaña es porque ya no quedan dudas sobre sus verdaderas intenciones, en especial cuando las juzgamos por los secretos que están saliendo a la superficie a través de confesiones de quienes estuvieron largo tiempo al servicio del monstruo y lo conocen muy bien desde adentro.

De manera que si algo está planteado desde ya para esta generación y las futuras es el reto de recoger, analizar y publicar todo aquello que nos permita conocer la historia general de la más grande pillería que hemos sufrido desde la llegada a América de los conquistadores europeos quienes, al menos, nos dejaron un idioma común y un mestizaje rico en matices creativos como nunca antes había ocurrido en otras parte del mundo.

Sin embargo, lo que sufrimos hoy en día con la llegada de los nuevos conquistadores civiles y militares, ansiosos de riquezas preferiblemente mal habidas, no tiene precedente en nuestra historia. Ha sido tal la desvergüenza y lo monumental del saqueo continental por el populismo latinoamericano que no genera odio y venganza como seguramente ocurriría en otra partes del planeta, sino un gran dolor y una inmensa pena, como una puñalada sorpresiva en medio de la noche.

¿Somos tan deshonestos, tan faltos de moral y de ética, tan extremadamente crueles al punto de retroalimentar esa conducta tan asquerosa en nuestros actuales gobernantes? ¿Cómo puede alguien como Lula disfrazarse de reformador social a la vez que ensuciaba la esencia de su cruzada esperanzadora con una red de corrupción que ya hubiera querido para sí la larga lista de dictadores latinoamericanos malolientes, tan ladrones y asesinos que quizás hoy, a la luz de lo que estamos descubriendo en Brasil o Argentina, se arrepientan de haber sido tan cortos y torpes a la hora de engañar y robar a sus gobernados?

Lo que tenemos delante es un desafío no sólo moral sino también un reto a la inteligencia. El socialismo del siglo XXI nos deja grandes desiertos éticos y una pobreza no solo material sino millones de almas en ruinas que se preguntan de dónde salieron estos monstruos que roban y trasladan a sus cuentas particulares en otros países los dólares necesarios e indispensables para alimentar y curar a los niños desvalidos que pasan hambre y mueren por falta de medicinas.

Les robaron la vida a esos niños como igual les robaron las esperanzas a sus padres.