• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El comando represivo

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No parece adecuado que, en referencia a un régimen que hace tiempo hizo méritos para ser adjetivado de oprobioso, nos valgamos de las palabras de un poeta de “mundos sutiles, ingrávidos y gentiles”, uno de cuyos versos sirve tradicionalmente de mancheta a las ediciones aniversarias de este periódico.

Sin embargo, el bardo dijo algo, tal vez en referencia a la falange española, que viene como anillo al dedo para entender cómo y por qué -de acuerdo con un informe de Provea-, el gobierno de Maduro ha reprimido más en 12 meses que su antecesor en 12 años. Afirmó Antonio Machado, el poeta en cuestión: “Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.

El señor Maduro ha demostrado con su quehacer político que no tiene el magín muy bien organizado que digamos, como tampoco es muy iluminada la corte que lo rodea. De modo que esperar cordura y tolerancia sería pedir peras al olmo. Y es que cordura y tolerancia es lo que debe destilar el talante democrático, pero está visto que es precisamente esto lo que más escasea entre los hombres y mujeres que lamen, sin merecerlo, las mieles del poder.

No cabe en la cabeza del señor Maduro que los jóvenes venezolanos se rebelen contra su gestión en solidaridad con trabajadores y amas de casa que hacen malabares para sobrevivir a la carestía, la inflación y la delincuencia. No parece haber espacio en su entendimiento para aceptar que quienes se oponen a su proyecto representan la modernidad y, por eso, apela a la represión más despiadada para apaciguar a una población cuya paciencia se agotó y ha dicho basta y hasta aquí llegamos.

Como un toro engolosinado con trapos rojos, el heredero de Chávez no precisa contra quien embiste, de modo que en sus incursiones contra los que supone focos de resistencia a su gobierno arrasa con todo sin importarle que pueda llevarse en los cachos a niños, ancianos o mujeres.

Hasta aquí no ha habido ningún rasgo diferenciador con otras gestiones basadas en la opresión, pero resulta que -como si fuera poco el castigar a quienes intentan ejercer los derechos que les consagra la Constitución- el cenáculo rojo y verde oliva que regenta el país como si de una hacienda se tratase se las ha ingeniado para juzgar, sentenciar y encarcelar a opositores antes que los tribunales y, lo que es aún más aberrante, con el concurso de la Fiscalía se las ha arreglado para achacarle delitos al ciudadano sobre lo que las autoridades suponen podrá éste estar pensando.

Las tropelías no terminan aquí, porque el ministerio público ha dado luz verde a la intervención de teléfonos y la grabación de conversaciones privadas sin que medien siquiera presunciones de que quien está siendo objeto de espionaje pudiese estar incurso en algún tipo de componenda contra el gobierno.