• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El círculo

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La devaluación del bolívar el 8 de febrero ha causado angustia en la población. Las autoridades económicas, después de haber rechazado la medida como perjudicial e inconveniente, ahora la defienden y alegan que no exacerbará la inflación.

La mayoría de los analistas, incluyendo los del chavismo, han señalado la falsedad de tales argumentos. Quien tenga nociones elementales de economía sabe muy bien que una devaluación de la moneda implica una mayor inflación, especialmente en un país cada vez más dependiente de las importaciones, y que carece de exportaciones no tradicionales.

Debido a las calamidades que traerá la pérdida de valor de la moneda, los comentaristas se han dedicado a señalar las consecuencias. Sin embargo, cabe señalar que desde hace muchos meses la devaluación era una medida inevitable y que los malestares que produce no se originan tanto en la decisión misma como en los excesos que llevaron a ella. Ineluctablemente se están pagando los pecados cometidos en los últimos años en política económica y en derroche fiscal.

Por tanto, resulta necesario enfocar el análisis en las causas y en las consecuencias de la devaluación. Debido a la insistencia en que las políticas económicas adoptadas por la revolución son impecables, no se ha hecho nada por erradicar los barros que nos trajeron estos lodos y si se persiste en tal actitud será necesario devaluar nuevamente en poco tiempo, lo que profundizará los males ahora previsibles.

Porque así como la devaluación conduce a la inflación, ésta última conlleva a más devaluación, y se crea un círculo vicioso que puede llevar a situaciones impredecibles, tal como ocurrió en el pasado en algunos países de América Latina y tal como ha ocurrido parcialmente en nuestro país a partir del viernes negro de 1983.

Aprovechando el reciente Carnaval, pudiéramos ejemplificar el caso con una borrachera. Después de haber tomado en exceso hasta haber alcanzado estados de euforia (como los que puede provocar un triunfo electoral), necesariamente se producen la resaca y el llamado “ratón”. Para atenuarlos solemos recurrir a pastillas y a remedios caseros.

Tal es el caso de la devaluación. Pero si no modificamos la conducta y seguimos ingiriendo licor en exceso, si acaso decidimos continuar con la “octavita”, el ratón volverá, probablemente más agudo, y será necesario volver a los remedios. Hasta que el cuerpo aguante.

Por ello resulta indispensable que se proceda a un cambio radical de conducta en las políticas económicas y que no se limiten a una devaluación, que muchos economistas consideran insuficiente, sino que se destinen a fortalecer la producción nacional y a reducir el gasto innecesario y la mala utilización de los recursos públicos.

Si no se corrigen los defectos que nos han traído a la situación insostenible que actualmente padecemos, estaremos condenados a seguir cayendo barranco abajo y pagando los pecados cometidos.