• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El chiste de Jaua

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Ahora resulta que uno de los más violentos militantes del Gobierno, el militante que arengaba a los estudiantes de Bandera Roja para que cerraran violentamente las entradas a la Universidad Central de Venezuela, que con bombas molotov entre sus seguidores se especializaba en cercar con bandas armadas al rectorado universitario, ahora acude ante la Organización de Estados Americanos y la Organización de Naciones Unidas, para denunciar los supuestos actos de violencia cometidos por la oposición en protesta por los resultados electorales supuestamente amañados por un grupo de militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, partidarios del Gobierno y que tienen mayoría en el Consejo Nacional Electoral.

No se trata de una maniobra política de la oposición porque desde el mismo día de las elecciones el candidato opositor llamó a respetar los resultados y a no protestar mediante la violencia. Henrique Capriles no ha dejado un solo momento de llamar a la calma y la cordura. “No soy un hombre partidario de la violencia sino de la vigencia del voto popular”, pero lo que él no puede evitar es que sus millones de militantes y los casi 700.000 chavistas que votaron por él salgan a la calle a expresar su ira y rabia por el comportamiento del Consejo Nacional Electoral, de su presidente, la señora Tibisay Lucena, (cuyo nombre pasará a la historia como sinónimo de cinismo) y de todos aquellos que le han acompañado en sus oscuras tareas.

Son personajes con algo de siniestro de frustración en sus vidas profesionales o personales, guiados por una porfiada intención de torcer el curso de la verdad, de agregar a la crueldad de la vida un poco más de veneno para que millones sufran más y se sientan frustrados como ellas mismas.

Estas palabras pueden resultar duras e insultantes, pero de alguna manera expresan la ira de más de la mitad de los venezolanos que acudieron a votar pensando ingenuamente que el Consejo Nacional Electoral y su rectora principal actuarían no sólo de acuerdo con lo que estipula la Constitución Nacional, sino la ley que rige específicamente e indica las normas y procedimientos que deben emplearse en los procesos electorales.

Lo que está pidiendo la oposición y su candidato ganador, Henrique Capriles, es que se proceda a un recuento de votos de una manera manual, lo cual no está excluido como recurso entre las posibilidades que el CNE le concede a un candidato en situaciones en que, como las actuales, la diferencia es en extremo mínima y puede prestarse a injusticias. El mismo candidato oficialista Nicolás Maduro apareció en radio y televisión y aceptó el recuento acta por acta y voto por voto.

Pero la señora Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, se niega a aceptar esa instancia: ya sabrá ella por qué y qué clase de presiones recibió, presuntamente, de los altos sectores del poder militar y civil para caer en el basurero de la historia.