• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sin chequera

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Muchos confunden la política exterior de Venezuela con las amistades de Chávez en el continente. Sin duda, el Presidente ha sido un hombre notorio a escala internacional. Su estilo polémico y su agresión verbal a Estados Unidos le han dado réditos entre algunos gobiernos y movimientos sociales.

Washington, por su parte, ha entendido que el discurso antiimperialista paga dividendos a ciertos líderes y que, sin bien otrora los preocupaba en la época de la Guerra Fría, en estos tiempos esa retórica no pasa de meros aspavientos de los mandatarios populistas. En el caso de Venezuela, para Estados Unidos los negocios y el suministro impecable de su cuota petrolera es una clara señal de buenas relaciones.

Pero ayer la canciller colombiana, María Ángela Holguín, “se reunió en Washington con la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, con la que coincidió en pedir que prevalezca la democracia y el respeto a la Constitución en Venezuela. (…) Ambas coincidieron en que cualquier transición política se haga de acuerdo con la Constitución y de manera transparente y democrática”. Vea usted, pues.

Hasta Uruguay llegan los coletazos de la visita del presidente Mujica a Venezuela. Una comisión del Parlamento “aprobó convocar al canciller para que dé explicaciones por el viaje de Mujica”. Los senadores opositores consideraran que el jefe de Estado participó en actos partidarios en Caracas tras “haber mentido al Parlamento” para autorizar su viaje.

Los amigos del Alba están agradecidos al líder de la revolución por su ayuda para ganar elecciones y mantener programas sociales que les garanticen su supervivencia. Todos han recibido apoyo, dinero y cooperación a costillas de los millones de venezolanos que en nada se han beneficiado de esos encuentros y ayudas.

¿Cómo no respetar esa chequera que tanto los ayuda a resolver problemas internos y les garantiza su supervivencia política? Desde Cuba hasta la pequeña San Vicente y las Granadinas tiene sobradas razones para rezar por la continuidad de esta revolución bonita y generosa.

Lamentablemente, los organismos internacionales no son tan distintos. Las chequeras hablan. Los secretarios generales tienen programas que cumplir y una nómina que satisfacer. Por ello, Insulza desconoce un día las decisiones del Tribunal de Justicia del Paraguay y de su Congreso sobre la destitución del presidente Lugo pero reconoce, como impecables, las decisiones de la Asamblea Nacional y el TSJ de Venezuela con respecto al vacío de poder y la negada asunción de Maduro.

En Unasur sería imposible pensar que el venezolano Rodríguez Araque emitiera una opinión desfavorable a sus jefes de Caracas y La Habana. Los demócratas venezolanos tienen pocas instancias a dónde recurrir.

Cuando el país vuelva a tener una política exterior de Estado no habrá chequera disponible para llenarle el ego los gobernantes de turno. Seremos nada.