• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La cárcel inmoral

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¿Qué pecado mortal tan monstruoso hemos cometido como país para que desde las alturas nos castiguen con tantos zarandajos y fulleros que hoy desgobiernan a Venezuela? Hemos aceptado pacientemente que, en el pasado, llegaran al poder unos políticos corruptos, ciertos militares ignorantes, grupos de ministros ineptos y demagogos payasos y petulantes.

Pero también supimos escoger a líderes honestos y bien formados, a militantes de partidos que se convirtieron en demócratas ejemplares, a funcionarios que cumplieron con sus tareas de manera impecable y pulcra, a figuras públicas independientes que no solo se desempeñaron a la altura de sus retos burocráticos, sino que fueron más allá y sirvieron de ejemplo para otros países y generaciones, a promociones de oficiales que les dieron lustre a la Escuela Militar y a las Fuerzas Armadas por su honradez y seriedad.

¿En qué descuidado momento nos precipitamos en el pantano de hoy? ¿Por qué surgieron tan de repente tantos mentirosos, tracaleros, jueces deshonestos, militares trepadores, civiles convertidos en alpinistas burocráticos, fiscales ávidos de dinero, militantes oficialistas dedicados al capitalismo salvaje, diputados multimillonarios, alcaldes que duermen y descansan en sus lujosas mansiones?

Ya sea en el inefable y cínico CNE o en el oscuro y pernicioso ministerio de prisiones, el ambiente de deterioro moral y material agobia y asfixia. Por ejemplo, el caos que se vive en nuestras cárceles ha tomado dimensiones descomunales, a pesar de que la señora ministra se empeñe en hacernos creer que todo está perfecto y que a los reclusos se le respetan sus derechos humanos.

“Lo único cierto –afirma con rabia un privado de libertad– es que todo lo que ella dice es mentira. En menos de dos meses hemos vivido varios infiernos que, apenas, dan una idea del sistema penitenciario que padecemos”. Recuerda que primero surgieron las protestas porque se les terminó la comida y algunos estaban comiendo gatos. Los videos que atestiguaban el hecho recorrieron el mundo y la única respuesta de la encargada de prisiones fue decir que demandaría al defensor de derechos humanos que hizo pública la denuncia.

“Posteriormente –dice– ante el asombro de todos vimos la fastuosa boda del pran de la cárcel de Barinas, reseñada en las páginas sociales de los principales diarios del estado. El pran le mandaba un mensaje directo a la ministra Varela: ¡Quien manda en esta cárcel soy yo!”

Por si esto fuera poco, insiste el informante, recientemente en la cárcel Rodeo 2, que siempre ha sido mostrada como ejemplo de buen penitenciarismo, los reclusos tomaron la prisión y mantuvieron como rehenes a un grupo de empleados del penal, en una situación que duró 7 días.

Las cárceles se han convertido en grandes bombas de tiempo que en algún momento pueden estallar por situaciones como la vivida en la cárcel Rodeo 2. Nunca las prisiones venezolanas estuvieron en el deplorable estado en que se encuentran hoy: se han convertido en centros para animales.