• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Una cancillería inútil

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Este viernes el presidente de Guyana, David Granger, reveló a la opinión pública que había ordenado “la puesta en marcha de un plan para la reestructuración total de las Fuerzas Armadas con el objetivo de proteger el territorio de amenazas a su soberanía”.

La información difundida por varias agencias internacionales de noticias, entre ellas Efe, agrega que el mandatario guyanés advirtió a sus compatriotas que “el acoso en nuestras fronteras y la intrusión de embarcaciones militares en nuestras aguas no se ha acabado”.

Menudo enredo el que se ha formado entre Guyana, Venezuela y la mediocre mediación de las Naciones Unidas, con declaraciones que se contradicen entre sí y que en nada contribuyen a fortalecer nuestra justa reclamación sobre el territorio del Esequibo. Es tal la magnitud de la confusión que ya el venezolano no sabe si reír o sentarse a llorar.

Mientras Guyana fortalece su unidad nacional y suma apoyo internacional a su posición, en Venezuela vemos con espanto y zozobra que el señor Maduro habla de este reclamo con un desconocimiento y una irresponsabilidad insólita para un jefe de Estado y, mucho más, para quien por vaivenes del destino fue canciller de esta arruinada república chavista. Proclamar que la mediación de la ONU va viento en popa no solo es una mentira mayúscula sino una señal de que estamos haciendo el papel de tontos.

Respecto a la fulana mediación de la ONU hay que estar muy atentos porque si bien forma parte de las opciones que deben considerarse, no es la única ni la más efectiva. Para nuestra desgracia, hay que reconocer que Guyana está desarrollando su estrategia en varios frentes con bastante éxito, mientras nuestra cancillería se mueve dando tumbos como borracho un sábado por la noche.

En cambio Guyana y su servicio exterior han venido construyendo una cadena de apoyo que pasa por el Caribe, se extiende hasta Canadá y, de paso, agrega en la sombra a Brasil, la Europa anglosajona y África. Ha sido un trabajo de hormiguita mientras el elefante venezolano apenas levanta la trompa y hace ruido.

Granger, quien es comandante en jefe del Ejército, sacó al aire sus planes para “desarrollar la capacidad de las Fuerzas de Defensa de proveer continua vigilancia sobre las fronteras aéreas, territoriales y marítimas”. Se nota a leguas que Granger no descarta ningún escenario para retener el Esequibo, incluso la manoseada “guerra asimétrica” chavista.

Y para muestra basta un botón: propone crear una reserva miliciana en “diez regiones del país, que incluye niños y niñas de escuelas secundarias que recibirá entrenamientos a tiempo parcial”. Estos cambios, dijo, contribuirán “a promover la confianza entre las fuerzas armadas y, en casos extremos, prevenir conflictos, manejar crisis y resolver disputas entre Estados”. Vaya, vaya.

¿Y nuestra canciller “tapa amarilla”? Pues tratando que Estados Unidos le conceda el beneplácito al joven Arbelaez, a quien debieron haber retirado luego de un año y medio de silencio y desprecio. Que humillación.