• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un cáncer regular

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Ya puede uno imaginarse por la difícil situación que pasaron los médicos cubanos (que con la desastrosa primera operación dejaron al mandatario venezolano más allá que de acá) para responder a la pregunta de Maduro sobre las características del carcinoma altamente agresivo que luego se desarrolló por etapas en el cuerpo del fallecido presidente Chávez.

También se puede recrear la frase que expresaron los médicos cubanos en el vano intento de simplificación de un concepto tan complejo para que el ungido por el mandatario desaparecido llegara a digerir con su particular dotación de neuronas aquello que se le quería comunicar, pero eso ya no vale la pena.

No tiene nada de extraño que Maduro, ya de regreso en Caracas, consultara a un médico venezolano: Dígame mi dóctor (sic)… ¿ese carcinoma no era “normal”…era muy invasivo? ¿Usted cree que los cubanos no aplicaron el protocolo correcto?”. Si fuere eso lo dicho, Maduro, al querer repetir las palabras del médico consultado, no pudo construir con la lucidez que caracteriza a los buenos oradores y soltó la famosa frase: “El cáncer no era regular”.

No se necesita ser un profesional de las ciencias médicas para saber que la palabra “regular” es una invitada de excepción en la jerga usada en medicina y mucho más en los casos de cualificar un diagnóstico. El cáncer puede ser invasivo, agresivo, de alta o baja mortalidad, de poca o mucha sobrevida, de diferente pronóstico según el estadio en que se encuentre, con un rango de capacidad “metastásica”, vulnerable a los nuevos protocolos que se han alcanzado por el trabajo de investigación que se realiza en países responsables con la salud pública.

Pero este episodio folklórico que relatamos anteriormente se sitúa en la periferia de lo que realmente es importante desenmascarar en este momento: se aproxima la improvisación y la ignorancia como un tsunami que traerá consigo daños impredecibles.

Vale la pena preguntarse si el significado y el resultado de este experimento socialista, fallido en otras naciones, y conducido actualmente por un actor político sin formación como lo es Maduro, es lo que espera a la Venezuela del futuro.

¿Cuántas veces repetirá Maduro la palabra “regular” o alguno de sus sinónimos por no ser dueño de un léxico básico que transmita a la población venezolana lo que se tiene y debe decir oficialmente? ¿Cuántas veces no habrá la fluidez mediática necesaria para anunciar informaciones verdaderamente importantes para el país cuando el principal interlocutor del gobierno, en su intento de mimetizar personajes que ya no están, recurra a esos dislates que no entenderán ni los alumnos más adelantados de la Misión Robinson?

Si pudiésemos aplicar, por tan sólo una vez, todos los requisitos que exige un Estado serio para ser presidente o alto funcionario, el PSUV no participaría en ninguna de nuestros procesos electorales.