• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El calvario

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Todos los meses debemos dedicar esta página editorial al aumento de los precios, cuando aparecen las cifras oficiales, debido a que la inflación es cada vez mayor y más perjudicial. Si tomamos como referencia los incrementos de precios de los últimos 12 meses, tenemos que para el mes de diciembre del año 2012 estos fueron de 20,1%. Con mayor o menor velocidad la situación se ha deteriorado sin parar y la inflación anual ha sido de 39,6% en junio de este año; de 42,6% en julio; de 45,4% en agosto; y de 49,4% en septiembre.

El gobierno, en lugar de “ir con todo”, para evitar esta tendencia alarmante que perjudica a los hogares y los consumidores y muestra que la economía se encuentra fuera de control, recurre a todo tipo de excusas y predice un mejoramiento futuro que vendría por generación espontánea, porque no adopta ningún cambio de políticas significativo.

El título de la nota de prensa del Banco Central de Venezuela, referida a las cifras de inflación de septiembre, es una muestra de las manipulaciones infantiles que intentan disimular un mal que afecta a todos los venezolanos. Dice: “La mayoría de las agrupaciones del INPC estuvo por debajo del promedio nacional”. Omite destacar que ese promedio mensual (4,4%) fue muy superior al promedio del mes anterior (3,0%) y, peor aún, oculta que la minoría de las agrupaciones que estuvieron por encima del promedio nacional (6 de 13) representan más de 60% del gasto de los consumidores. Entre ellos el rubro “alimentos y bebidas no alcohólicas” (45% del gasto) que tuvo incremento mensual de precios de 4,9%, y el rubro de “servicios de vivienda” que alcanzó un aumento de 9,7%. Con tales argucias no se engaña a nadie, porque la inflación la sentimos en carne propia cada día.

En oportunidades anteriores hemos advertido que el calvario del alza de precios será cada vez más ruinoso y doloroso si las autoridades no se deciden a enfrentar la realidad y reconocer que los instrumentos que han utilizado hasta ahora para intentar contener el llamado cáncer inflacionario han fracasado. No sólo eso, sino que han provocado el efecto secundario, no menos demoledor, del desabastecimiento.

El degradado ministro de Finanzas, Nelson Merentes, llegó a reconocer que el actual régimen tiene una deuda con la población en materia económica. Quizás ese arranque de sinceridad contribuyó a que fuera sustituido por quienes ven a la economía venezolana color de rosas, probablemente porque sus economías personales tienen ese color. Aunque las cifras oficiales muestran, sin lugar a dudas, que tal deuda existe, mucho tememos que vaya a correr igual suerte de la deuda que el gobierno mantiene con los empleados públicos, con los trabajadores de las empresas del estado y con la clase obrera en general. El próximo mes reseñaremos la nueva estación de este calvario rojo rojito.