• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La calle, otra vez

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Movidos por la impaciencia, muchos amigos de la oposición se quejaban del quietismo de los líderes que no convocaban a manifestaciones contra el gobierno. La inconformidad creció debido a la reacción provocada por las medidas de Maduro sobre el precio de los electrodomésticos. ¿Vamos a ver esto como quien ve llover? ¿No basta el ataque inclemente contra los comerciantes y la propiedad privada, para ponerse en movimiento masivamente? Tales eran las preguntas de los más atormentados por las decisiones del madurismo, como si bastara una manifestación clamorosa para que el gobierno contuviera sus pasos y como si dependiera de la voluntad de un dirigente que se calentara un ambiente caracterizado por un sosiego prolongado.

La impaciencia se disipó, en todo caso, debido a que Henrique Capriles pidió que los ciudadanos tomaran la calle y su llamado fue atendido con creces. Pidió a los venezolanos que salieran a manifestar su rechazo frente al gobierno, y recibió una respuesta digna de atención. No solo en Caracas, sino en todos los rincones del país.

En las capitales más pobladas se formaron importantes aglomeraciones, pero también en poblaciones pequeñas. Por si fuera poco, la convocatoria fue atendida en otras latitudes. Numerosas comunidades de venezolanos que viven en el exterior sacaron sus banderas y sus consignas para animar el ambiente y para animarse con el calor de los compatriotas que viven forzados exilios y quieren un destino mejor para el país. Se cumplió el cometido, por lo tanto, para que un nuevo aliento inspire a la gente frente a las cercanas elecciones de alcaldes y concejales.

El gobierno se afanó en la crítica de la convocatoria. Maduro afirmó que se trataba de una conspiración para tumbar el gobierno, de una conjura contra su régimen, pero la gente salió a manifestar en orden. Se movieron los hilos de la represión mediante el arresto arbitrario de un par de dirigentes de la oposición, a quienes se acusó de delitos para sembrar el miedo entre los convocados, pero fue en vano. Los que quisieron salir salieron con decisión y entereza.

Los medios dependientes del gobierno trataron de acallar el llamado a las concentraciones populares, pero ocurrieron a la vista de todos. No las vimos en los canales oficiales ni tampoco en los canales "independientes", pero sucedieron. Maduro tuvo que conformarse con escuchar a Juan Gabriel y con recibir a la realeza europea, sin tomar la habitual medida de las "contramarchas".

La convocatoria fue un éxito, justo cuando el gobierno toma caminos riesgosos para multiplicar el apoyo electoral que le es esquivo y para atemorizar a los electores. La lección del domingo fue elocuente: hay una ciudadanía que responde cuando considera menester y cuando se la convoca con responsabilidad. Los que querían calle la tuvieron y los que permanecieron en sus casas seguramente estarán pronto en la vía pública en defensa de sus derechos ciudadanos.