• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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A cabillazo limpio

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Con la cursi parafernalia que engalana todos los eventos en los cuales hace acto de presencia el señor Maduro y, por supuesto, con las cámaras del canal de todos los venezolanos dispuestas para registrar sus pormenores, se instaló, el pasado sábado, en el estado Vargas el I Congreso de la Clase Obrera, una asamblea del sindicalismo oficial planificada para poner de relieve que el hombre investido como presidente de la República es un representante de esa clase.

Como premio por esas loas, el señor Maduro ordenó la feroz agresión que, el día lunes 11 de agosto, la Guardia Nacional Bolivariana perpetró en Guayana contra los trabajadores de la Siderúrgica del Orinoco que manifestaban con valentía por la firma de un contrato colectivo que satisfaga reivindicaciones desatendidas durante cuatro años.

Mientras videos y grabaciones reproducían la imagen y la voz de Chávez entonando con desafinado entusiasmo “las gloriosas notas de nuestro himno nacional”, el “comandante presidente obrero” se iba de la lengua anunciando futuros encuentros similares al que lo aclamaba en el polideportivo José María Vargas y guardó calculado silencio sobre el conflicto que se desarrolla en Guayana, originado, quizá, en la irresponsable decisión de Chávez de re-estatizar a una empresa que, en manos privadas y con los trabajadores como accionistas, había logrado encaminarse por la ruta de la eficiencia y la productividad.

Varios heridos de consideración y unos cuantos detenidos ha sido el saldo del asalto a los sidoristas por parte de un gobierno que se dice del pueblo y se ufana del origen obrero de su conductor.

Como es del dominio público, no es la primera vez que estos combativos trabajadores son víctimas del gas disuasorio y los planazos preventivos que dispensa el gobierno a discreción entre quienes no quieren entrar por el aro de su caprichosa manera de gestionar las empresas del Estado, que más ganancias generarían cerradas que en el calamitoso estado en que se encuentran.

Tras largos años de sordera por parte del patrón, es decir, del gobierno, el Sindicato único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Similares (Sutiss) reclama una justa compensación salarial y la discusión de un plan de retiro para más de 800 trabajadores con 30 años al servicio de la acería.

Al mismo tiempo, el sindicato solicita explicaciones sobre los convenios firmados con China y aboga porque se realicen inversiones dirigidas a la modernización de la empresa. Se trata de un pliego peticionario que nada tiene de tumba gobierno y que es presentado por un movimiento sindical que ha respaldado al proyecto bolivariano.

Sin embargo, hace un mes, el capitán Cabello calificó de vagos y holgazanes a los dirigentes que lideran esa lucha reivindicativa. Otro exabrupto más en la cadena de despropósitos con que el gobierno, que vive de la lucha de clases pero reprimen a cabillazo limpio los reclamos laborales, se disputa el visto bueno de La Habana.