• Caracas (Venezuela)

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La suerte de Ramírez

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Los analistas se han divertido de lo lindo sacando conclusiones sobre lo que significa política y económicamente el nuevo nombramiento de Rafael Ramírez, ex presidente de Pdvsa. Muchos se van por el camino más fácil y lo consideran como una maniobra para sacarlo del juego y debitarlo frente al llamado Grupo de los Centauros (militares rojitos). Otros le dan pocos meses en la burocracia del gobierno. Pero lo cierto es que ni una ni otra cosa parecieran tener asidero.

Lo cierto es que alguna utilidad futura le vio Maduro no sólo para sacarlo del gallinero de los huevos de oro y convertirlo en el peligroso alfil del cual echará mano cuando las cosas lleguen al “no va más” tanto nacional como internacionalmente. Nicolás con esta designación convierte a Ramírez en el bateador designado capaz de ayudar a Maduro a maquillar su cara a escala internacional y quizás a generar algunos retazos de confianza en los mercados financieros.

El cargo de canciller no es un cargo menor, pero quienes han pasado por allí en los últimos años (el mismo Maduro, Alí Rodríguez Araque y Jaua) le han quitado rango y han terminado como simples lleva y trae del presidente de turno.

Estar al frente de las relaciones exteriores de un país petrolero como Venezuela no es algo fácil y, si hacemos memoria, así lo apreciaron los gobernantes democráticos. Por el contrario, muchas veces se convierten en una piedra en el zapato porque la cancha que da el cargo es indiscutible.

No podía Maduro encontrar mejor candidato ya que es el único hombre del gobierno que se puede mover en el ámbito internacional como pez en el agua. Once años como el zar del petróleo no son cualquier cosa.

En estos momentos Venezuela está a la deriva con una inmensa deuda que se le viene encima en los próximos dos meses, con los bonos de la república haciendo aguas, sin reservas monetarias calificadas ni abundantes, pasando por la humillación de importar petróleo liviano desde Argelia, con el escándalo del Banco Espíritu Santo encima, con Estados Unidos produciendo más petróleo del que puede consumir, con México iniciando una reforma en el área de la energía que tendrá efectos a mediano plazo, es decir, con viento en contra que nos llevan al borde del abismo.   

Ramírez al menos sabe negociar, sabe inglés, tiene presencia y modales que superan las poses malandras de Jaua. Al fin y al cabo atributos mínimos que debe poseer un buen canciller.

Controlará el motor de la política interna, el petróleo, y pasará más tiempo fuera del país manejando su agenda internacional sin tener que codearse con las lides de la política partidista.

Se encuentra, eso sí, con una Cancillería por el suelo, desmoralizada y sin cuadros profesionales como los que él mismo deja en Pdvsa, una Cancillería con salarios vergonzantes, un cuerpo profesional escaso y mal preparado.

En el exterior no hallará embajadores de carrera, excepto su buen amigo Chaderton, entre un puñado que se autoproclamó rojito para sobrevivir.