• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La bomba inútil

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La reunión entre el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el líder opositor venezolano Henrique Capriles ha provocado un estallido histérico (que no histórico) en el gobierno bolivariano, que pone en evidencia que el equipo de Nicolás Maduro carece de experiencia en las delicadas cuestiones internacionales y en las reglas de protocolo que rigen entre naciones amigas.

Esta mezcla de improvisado de militares de escasa formación en el arte de gobernar y de civiles que llegan al poder entre sospechas y denuncias de fraude electoral, convierte a Venezuela en un país objeto del ridículo en los foros internacionales desde que el rey de España mandó a callar al difunto.

El gobierno bolivariano se alarma porque un presidente colombiano y el Congreso de la vecina república reciba a un opositor venezolano, que además es gobernador del estado Miranda gracias a una avalancha de votos populares (en ese estado reside buena parte de la población colombiana cercana a Caracas).

Qué diferente se comportaron los gobiernos de Perú cuando Humala siendo candidato presidencial fue recibido por Chávez en el palacio de Miraflores, o Rafael Correa, o Evo Morales, o López Obrador,

Y peor aún, al alto mando de las narcoguerrillas de las FARC, donde departieron, entre tragos de champaña y exquisitos canapés, no sólo con el Presidente y el vicepresidente sino con los ministros.

 En la reunión de Bogotá entre Santos y Capriles no hubo sino una conversación rápida y seria, de cortesía y por puro protocolo. Como será la sencillez del acto que el mandatario colombiano lo recibió informalmente en mangas de camisa y sin corbata.

De allí lo ridículo que resulta que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que no tiene idea de cómo se llevan las relaciones internacionales, se meta en algo que no le corresponde. Sus responsabilidades son otras, a menos que busque con esta maniobra sacar de escena al presidente Maduro y al canciller Jaua. En todo caso esa es una pelea entre ellos.

Si Chávez estuviera vivo lo hubiera mandado a callar inmediatamente porque estas cuestiones las llevan con discreción los presidentes o sus cancilleres. Pero Maduro se deja ningunear y con ello pierde poder y autoridad ante los suyos.

El diputado oficialista, Roy Daza, dijo que Capriles con su visita “falta el respeto al presidente Santos porque informa de manera mentirosa e intrigante sobre la situación política venezolana”. O sea, que el presidente Santos es un desinformado que se deja engañar por cualquier vendedor de feria. Más ridículo imposible.

El problema es que en Colombia funcionan las instituciones, se puede acudir a la Fiscalía, a la Contraloría, al Congreso y comprobar su independencia de los demás poderes públicos, los militares están subordinados al poder civil y existe libertad de prensa. Esa es la peligrosa bomba que asusta a Maduro y a Diosdado. Y no es para menos.