• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un bloque oportuno

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La aprobación de la Ley Habilitante para Maduro sucedió como se esperaba. El oficialismo allanó la inmunidad de una diputada para que ocupara su lugar el suplente, en este caso un representante proveniente de las listas del PSUV que no daba oportunidad para las dudas.

La búsqueda del voto necesario para la concesión de poderes plenos a Maduro, el encuentro del sufragio fiel que impidiera la aparición de desagradables sorpresas, obligó a la apertura de un incómodo expediente y a valerse de la muleta del Tribunal Supremo de Justicia, vericuetos trabajosos que no dejaron de provocar la atención de la opinión pública pero que, en definitiva, condujeron la nave al buen puerto de la mayoría calificada. Pero, ¿por qué el oficialismo caminó por esa trocha, que evidenciaba la existencia de un procedimiento tortuoso para desembocar, a como diera lugar, en una especie de coronación de Nicolás I?

Porque no pudo caminar otra. La búsqueda del anhelado voto pudo concentrarse en las figuras que hacen vida en el hemiciclo, para echar el anzuelo en aguas próximas y familiares que podían ofrecer buena pesca con el uso del anzuelo adecuado. Allí estaban a mano, situados en el otro lado del salón, unos representantes del pueblo que se exhibían como voceros de la oposición, pero que podían hacerse los locos por una vez – al menos uno de ellos, o tal vez un par- para votar con el oficialismo sin que en el Parlamento sucediera un terremoto, sin que se pasara de 24 horas de escándalo cuando el saltador de la talanquera diera las explicaciones del caso después de confiar en la memoria corta de sus representados. Estaba fácil, a primera vista, pero lo sencillo se volvió complicado.

¿Cuántas averiguaciones se hicieron de los pecados públicos de los diputados de la oposición, y de sus faltas privadas, para “enamorarlos” de la habilitante? Muchas, seguramente. ¿Cuántas presiones se ejercieron en el ánimo del caballero de la curul vecina que parecía blandito? No pocas, según las historias menudas que circulan. ¿Cuántas ofertas atractivas formaron parte de un coqueteo recurrente? Corrieron varias de lo más suculentas, de acuerdo con lo que se ha comentado en los corrillos del Capitolio y en otros mentideros. Cada ladrón juzga por su condición, asegura el refrán, pero en este caso los juramentos se quedaron en el limbo debido a que no se concretaron en un trato que permitiera pulir la corona para que el soberano sobrevenido la ostentara. Ningún diputado de la oposición faltó a la obligación de evitar que la Asamblea Nacional abdicara su función de legislar para transformarse en florero.

Tal vez no sean santos del todo los diputados de la oposición, algún pecadillo venial les puede pesar en la conciencia, u otro de mayor envergadura, pero con su conducta frente a la habilitación de Maduro han ofrecido una lección de rectitud que se debe reconocer sin vacilación. Han ofrecido testimonio de su compromiso con un entendimiento de los valores republicanos y democráticos, que apenas se asomaba de vez en cuando. Así como su actitud hizo que el gobierno buscara caminos verdes para una coronación injustificada, también ha levantado el ánimo de los venezolanos que tienen la intención de votar contra el gobierno en diciembre.