• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los “bautizos de la muerte”

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Para hablar de violencia no acudimos hoy a la opinión de los expertos, de los sociólogos, de los criminalistas o los analistas profesionales que se han dedicado al estudio de los cambios experimentados en una sociedad conmovida por una creciente brutalidad. Acudimos al testimonio de una madre que, en medio del dolor por el asesinato de su hijo, hace una denuncia espeluznante.

La señora Astrid Guerrero, vecina del barrio José Félix Ribas de Petare, después de contemplar el cadáver de su hijo de 22 años de edad a quien acaban de asesinar, descubre una realidad que para los pelos de punta. El joven fue asesinado por tres menores de edad que partieron después alardeando de su fechoría, dice la señora Guerrero en medio de la consternación. Ya es serio que relacione a unos pequeñuelos con la comisión de un delito tan grave, pero la historia se torna más brutal y preocupante cuando agrega lo que se leerá a continuación.

En efecto, la señora Guerrero recurrió inmediatamente a unos detalles a través de los cuales se descubre una monstruosa descomposición de la sociedad. Afirmó, sin titubeos y sin que nadie del vecindario la desmintiera, lo siguiente: en Petare hay una nueva modalidad para la creación de bandas delictivas, que consiste en el reclutamiento de niños cuyas edades oscilan entre los 9 y los 10 años.

Pero, para mayor alarma, como si no hubiera ya ofrecido una información capaz de aumentar la justificada crispación de quienes se enteraban de la novedad, se detuvo después en la descripción del procedimiento de captación llevado a cabo por los forajidos que organizan este tipo de escandalosas y turbadoras asociaciones.

La señora Guerrero habló de los “bautizos de la muerte”. ¿De qué se trata? ¿En qué consiste esta macabra iniciación? Como prueba anticipada de la decisión que van a tomar, o de coraje ante el reto que los espera, los niños que aspiren a formar parte de las flamantes bandas, o que son escogidos por los organizadores del futuro “trabajo”, deben matar a una persona al azar.

El que pase por la calle, el transeúnte desprevenido y desarmado, el individuo desconocido que sale de su casa a ganarse la vida, el desafortunado que tope con estos aspirantes insólitos, muere de unos balazos que se convierten en diploma de una pavorosa graduación, en una repulsiva credencial de violencia.

Mientras la señora Guerrero ofrecía desde Petare la versión de una realidad execrable, la prensa de Barquisimeto anunciaba la detención de tres muchachos que habían intentado la hazaña de asaltar un banco, tres criaturas que no llegaban a los 14 años de edad. Tal vez no estemos ante casos aislados, sino ante aberraciones que comienzan a proliferar y frente a las cuales se debe actuar de inmediato. “Hoy en día hay que cuidar más a los niños”, dijo la señora Astrid cuando se alejó de los periodistas.

¿Estará de acuerdo el gobierno con este consejo que se convierte en clamor? ¿No va a actuar frente a unos testimonios que remiten a una situación de derrumbe ético y moral del país?