• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Una batalla heroica

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A veces hace falta dar una rápida mirada a lo que imaginan y pregonan quienes están en el poder sobre el alcance y el significado de sus actos de gobierno y de cómo estos “deben ser exactamente interpretados y juzgados” por quienes tienen la dicha o la desgracia de ser sus gobernados.

Examinemos por ejemplo los hechos recientes ocurridos en parte del municipio Chacao y más específicamente en la plaza Altamira. Durante más de treinta días se concentraron allí decenas de ciudadanos alentados por la esperanza de que, si salían a la calle a protestar y a manifestar su desaliento y su malestar por la manera en que el señor Maduro está conduciendo el país hacia el precipicio económico y social, sus voces llegarían hasta Miraflores.

Por desgracia, al señor Maduro se le ocurrió decir por televisión que él dormía todas las noches como un bebé. Esta declaración no hizo sino encrespar más las aguas ya que con una situación económica tan desgraciada, con un nivel de escasez que alcanza 47% de los productos básicos, cualquier chispa causaría un incendio en el país.

En Caracas los estudiantes tomaron en sus manos estas reivindicaciones, enarbolaron estas justas banderas y se concentraron en la plaza Altamira a protestar día a día. Eso bastó para que el alto mando militar y sus aguerridos soldados, incapaces de garantizar y defender unos cuantos kilómetros de nuestras fronteras de la presencia de grupos de guerrilleros colombianos, lanzaran un ataque despiadado contra estos jóvenes y civiles indefensos.

Tampoco exhiben ese valor para evitar la plaga de los secuestros y el cobro de vacunas en los estados fronterizos llevados a cabo por bandas criminales extranjeras, para detener las actividades de los garimpeiros que envenenan nuestros ríos con mercurio y asesinan a la población indígena.

En la plaza Altamira, en Valencia, en Mérida, en la ciudad martirizada de San Cristóbal y en el estado Táchira en general, en Maracay, Barquisimeto, Porlamar y Maracaibo, la FAN sí salió a la calle como una maquinaria de guerra alemana o rusa, o como los norteamericanos en Vietnam, con tanquetas, fusiles y pistolas, bombas lacrimógenas y aviones bombarderos Sukhoi. Les faltaron unas cuantas fragatas y hasta un submarino navegando por el río Guaire.

Pero la farsa resulta más escalofriante cuando la oyes contar por los militares protagonistas, como si estuvieran hablando del desembarco en Normandía en la Segunda Guerra Mundial.

En un programa de televisión del oficialismo, uno de los jefes bolivarianos decía muy engallado: “Nos encontramos con el general Edgardo Zuleta, el general Manuel Quevedo y el general Linch, (…) el general Manuel Quevedo, del Core 5, para que nos hablen de esta operación de rescate de este sector (de Altamira, suponemos)”.

General Manuel Quevedo: “Contra todo pronóstico, presagio, hemos tenido una jornada cívica, ejemplar, para todo el país. Después de 34 días en la plaza Altamira hemos tenido una jornada de cero violencias, nada de guarimba”.

Ministra Carmen Meléndez: “Un saludo (…) a todos los soldados y soldadas (sic) que están defendiendo nuestra soberanía. (…) En ese trabajo que estamos con nuestra Guardia Nacional Bolivariana en la cooperación del orden interno (…) pero respetando los derechos humanos de todo el mundo. Respetando todo, en exceso pues, respetando en exceso. Nosotros podemos decir que tenemos más bajas y más heridos que cualquiera otro”.

General Vladimir Padrino: “Bueno, nosotros estaremos aquí, así como dice el maestro Pérez Arcay, como los glóbulos blancos del súper organismo del Estado; las defensas del estado aquí están, vestidos de verde”.

Los civiles que escuchan estos comentarios seguro se preguntaran si están viendo una nueva telenovela importada. Nada menos.