• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Una basura de gestión

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La basura, llamada "residuos sólidos" por quienes evitan el término "basura" por su connotación de mal olor, ha caracterizado y representado el largo período de Hugo Chávez en el poder. Basura por doquier, sucio, malos olores, moscas, gusanos, ratas y ratones inundan nuestras ciudades y pueblos.

El Gobierno, su virtual Ministerio del Ambiente, sus organismos de saneamiento, sanidad y salud ni se ocupan del asunto.

Y la basura crece, en especial en los municipios rojos, donde la fobia a lo técnico, a los conocimientos parece sólo ser superada por la fobia a la eficiencia.

Las asignaciones de recursos financieros, los dineros presupuestados y gastados para el área de residuos sólidos han sido descomunales en estos catorce años. El Gobierno ha aplicado allí su ya famosa estrategia de gasto y guiso. La cosa es así: si hay un problema grave asígnale muchísimo dinero, anuncia eso, sácalo a relucir... gástate todos los recursos; compra (¡si son vehículos, mejor!)... que algo queda. Y no te preocupes por saber si el problema se resolvió.

Este Gobierno tiene un grave problema de enfoque; cree que las cosas se resuelven a realazos y no con conocimientos, sentido común, técnicas, tecnologías, trabajo, constancia, participación ciudadana, educación y perseverancia. Nunca antes se había comprado tantos camiones recolectores, tantos vehículos para la basura. El Ministerio del Ambiente y otros organismos han recibido cuantiosos recursos financieros para importar equipos, ¡la danza de los millones! Negocios jugosos.

El Gobierno aprobó una Ley de Residuos Sólidos que, sin el debido respaldo del Ejecutivo, es utópica e inaplicable. Grandes inversiones se hicieron en La Bonanza y uno que otro relleno sanitario del interior, que arrancaron bien pero se vinieron a menos, pues no se previeron las formas de financiación de sus operaciones. Y la basura sigue regada y maloliente esperando nuevos rellenos sanitarios. Ya alcanza más de 20 millones de kilos diarios en todo el país. El Presidente dice querer salvar el planeta. Se desgarra las vestiduras hablando y hablando de la contaminación mundial. Culpa al imperio y al capitalismo de todos los males ecológicos. Pero su gobierno no logra siquiera recoger la basura del país y ponerla en su lugar.

Entretanto los ciudadanos ­sin apoyo oficial­ siguen tratando, con sus consejos comunales, sus asociaciones de vecinos, sus ONG, de construir la ruta adecuada para el manejo acertado de los residuos sólidos, de promoción y puesta en práctica del reciclaje, la reducción, el reuso y la reeducación para crear conciencia. Este mes, en el Día Mundial de Playas, los venezolanos conscientes repetirán su operativo anual de limpieza, un verdadero gesto de afecto por el planeta que constituye una simbólica protesta contra el desamparo de las costas del país y un dramático llamado a sanear esos sitios de recreación y esparcimiento que nos brinda el mar Caribe.