• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un baño de agua fría

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Es tan vasta y compleja la estructura burocrática que sirve de soporte a la Organización de las Naciones Unidas que inevitablemente se han colado en sus numerosos organismos (fondos, institutos, agencia, comisiones, oficinas, institutos) unos cuantos pájaros bravos ­la mayoría cubanos y sus tontos útiles­ que han hecho de sus cargos gestorías para tramitar reconocimientos a regímenes impresentables y hacerse con suculentas recompensas contantes y sonantes. 

La Food and Agriculture Organization es una de esas instancias a las que acude el populismo en busca de afirmación, esta vez pretendiendo haber cumplido con las metas del milenio en materia nutricional; y, como era previsible, el gobierno venezolano supo halagar y conquistar a su delegado regional a fin de que le bregase una distinción que, según Maduro, se nos otorga "por ser el país que ha luchado más contra el hambre en el mundo entero, gracias a la Misión Alimentación, a la lucha, al trabajo diario incansable" y, por eso, viajará a Roma este domingo a recoger una placa o diploma que bien pudo entregársele aquí. 

Como Maduro va a Italia aquí inventan que se entrevistará con el papa. En realidad, es de protocolo que Francisco salude brevemente a todos los jefes de Estado o de gobierno que acudan a Roma a un evento de alta categoría internacional. Es un acto de cortesía y nada más. 

Nicolás no tendrá tiempo de intrigar contra Lückert y Capriles, ni de pedirle a Francisco que se apersone en el patio para que vea cómo es el merequetengue. Pero ya el papa ha dicho que mientras en Venezuela haya presos políticos no visitará esta tierra de gracia. 

Así las cosas, el nicochavismo recibió un baño de agua fría cuando, en lo que luce como una condena a la poco creíble bendición de la FAO, el Comité de la ONU sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales cuestionó que Venezuela achaque la mayoría de sus problemas internos a la "guerra económica". 

Escrutando el desempeño chavista en las cuestiones que les competen, los miembros del comité desmontaron las patrañas rojas y pusieron en claro que no se iban a comer el cuento de una cruzada bélica contra la economía venezolana. 

Así, el jurista colombiano Rodrigo Uprimny afirmó que "cuando hay progresos, éstos se deben a la revolución, pero cuando hay problemas ustedes los achacan a una guerra económica". 

El egipcio Mohammed Ezzeldin Abdel-Moneim pidió no sólo que le aclararán a qué exactamente se refiere el concepto que esgrime el gobierno venezolano como excusa buena para todo uso, y solicitó que le dieran ejemplos; mientras que el experto chino Shiqiu Chen preguntó por qué 130 hospitales del país no cuentan con los medicamentos y el equipamiento quirúrgico necesarios y quién, específicamente, lleva a cabo la fulana guerra económica y contra quién. 

La abombada delegación venezolana metió la pata de entrada y exigió "no hacer juicio de valores ni banalizar la guerra económica", petición que no explicaba por qué no hay maíz para las arepas