• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las bandas armadas

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Como las cosas se le han puesto color de hormiga por culpa de los innumerables errores que él y sus colaboradores han cometido desde que se murió Chávez y les dejó en herencia el poder (herencia que hoy malbaratan por ineptos y porque les queda grande esa responsabilidad), el señor Nicolás Maduro ya no sabe, como diría el pueblo, en qué palo ahorcarse.

Por una parte ha adoptado la aburrida y perniciosa costumbre de “encadenarse por radio y televisión” todos los días creando con esa torpeza más y más rechazo hacia su figura, no solo porque no sabe expresarse y carece de gracia y carisma, sino porque comete cada error tan infantil que al otro día la gente no recuerda el contenido de su discurso sino exactamente aquella parte donde, según la mayoría de sus críticos, puso la torta. Hasta un pequeño video antológico de sus metidas de pata rueda por el mundo para vergüenza de sus seguidores y del resto de los venezolanos.

Poco a poco los ciudadanos han comenzado a hartarse de que el señor Maduro se convierta en un figurón que no decide nada, que mira cómodamente pasar el tiempo mientras el país se cae a pedazos y la gente se ve obligada a permanecer desde tempranas horas de la madrugada en una cola para ver si logra comprar un litro de leche para sus niños.

Desde luego que la gente se cansa, se irrita y se lanza a la calle a protestar y gritar consignas para que el señor Maduro no siga durmiendo la siesta, se ponga los zapatos y se ocupe de algo importante que no sea hablar por televisión horas y horas mientras el hampa desatada mata a la gente decente en los barrios y en las urbanizaciones, en las calles y en las autopistas.

El señor Maduro parece que la única palabra que aprendió en la escuela fue “fascista” y va por allí mondo y orondo, silbando a los pajaritos y, de paso, lanzando la palabreja a quien se le ponga por delante, ya sea un heladero, un motorizado, un vendedor de carros usados o un gerente de una compañía transnacional. Ojalá no se equivoque con un militar activo.

Pero para vocear esas lindezas no es que se le paga un altísimo sueldo, sino para que trate de enderezar los entuertos que Diosdado, Jaua, Iris y Arias Cárdenas montan a cada momento ante sus narices y donde les da la gana, sin mostrarle ningún respeto y menos presentar explicaciones de sus actos.  

No puede ser que a estas alturas, luego de las marchas estudiantiles que han conmovido a Caracas y al país entero, con muertos y heridos de balas, así como “torturados y desaparecidos” (según lo han denunciado públicamente algunos familiares) nuestro mandatario siga durmiendo la siesta y no se haya reunido con el Alto Mando Militar para que se tomen medidas urgentes y efectivas para que cese el acoso paramilitar contra los jóvenes estudiantes.

¿Qué está esperando Maduro, si es que verdaderamente es el comandante en jefe, para dar la orden de apresar, desarmar, llevar a prisión y abrirles juicio penal a estos grupos paramilitares que dicen tener como misión “garantizar el orden” en el oeste de la ciudad? ¿Cómo es eso de que la Guardia Nacional Bolivariana no puede entrar en esas zonas porque allí mandan los paramilitares y nadie más? ¿De cuándo acá la Fuerza Armada Bolivariana cedió esa soberanía y ese deber constitucional a estos grupos que se creen con derecho de portar armas de guerra, cobrar vacuna a los comerciantes, ejercer funciones parapoliciales, como la de detener y hasta juzgar y ajusticiar a supuestos hampones como si fuesen sus jueces naturales?

Lo que la FAN debe exigirle de inmediato a nuestro adormilado Nicolás es que ni él ni mucho menos Cabello pueden seguir amamantando a esta suerte de perros guardianes del PSUV que, a la primera oportunidad, acusarán a los militares de “fascistas” y con ello se sentirán con todo derecho de disparar por la espalda a nuestros humildes soldados.