• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los “bachaqueros violentos”

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El término fue acuñado por Nicolás Maduro. En el empeño de leer a su manera la realidad nacional, se afana en la oferta de vocablos cuyo objetivo político es evidente. Trata de evadir la responsabilidad del caos, y en esa pretensión se pone a buscar las palabras convenientes. Piensa que así encubre la crisis, que estira un poco más la arruga mientras los acontecimientos le conducen a buscar otras frases y otras expresiones que cubran con su manto la vida de un país escarnecido y desencantado por los dislates de la “revolución bolivariana”. Por esa razón últimamente viene hablando de “bachaqueros violentos”.

Ya se había referido a los bachaqueros como causantes del desabastecimiento, como si no estuviéramos ante un fenómeno provocado por el régimen. Ya los había maldecido en cadena nacional y les había ofrecido penas y cárceles, como si no fueran los hijos legítimos de la carestía de productos básicos que debe atribuirse, sin ningún tipo de dudas, a la ineptitud y a la rapacidad del régimen.

Ha presentado a ese tipo de comerciantes informales como responsables del alza de precios, como si no dependiera del gobierno rojito el suministro y la distribución de los productos básicos. La presentación cuadraba con las ideas que habitan en su cabeza –si de veras habitan algunas en ella– sobre las atrocidades del capitalismo en todos sus niveles, aún en este rudimentario del mercado de los bienes que no se encuentran.

Horas después de una primera descalificación ampliamente difundida, viene con nuevas andanadas en las que habla de la existencia de “bachaqueros violentos”. Se trata, según la orientación que mueve su retórica de mandatario acosado por las señales del entorno, de una pandilla de marchantes que actúan como maleantes; de una especie de fuerza armada de mercaderes humildes convertida en tropa de asalto con el objeto de turbar la concordia de la sociedad y, por consiguiente, de entorpecer los planes del régimen sobre adquisición y distribución de alimentos. Así las cosas, a los pelucones que llenan los espacios de su gastado discurso se agregan nuevas y poderosas mafias capaces de conmover los cimientos de la sociedad. Pero también de desestabilizar el régimen.

¿Por qué habla Maduro de “bachaqueros violentos”? Porque necesita culpables ante el recrudecimiento de las protestas y no puede aceptar que el pueblo salga a la calle a gritar por comida. Porque se niega a sentir que las protestas más clamorosas sucedan en los barrios  pobres y porque necesita una excusa para la represión.

En lugar de presentarse como verdugo del pueblo y apagador de una candela colectiva que se enciende por todos los rincones, quiere que lo veamos como el gobernante justiciero que la emprende contra la más reciente y rudimentaria expresión del capitalismo salvaje: los “bachaqueros violentos”.

Encontró un argumento que no desentona con el mensaje del chavismo custodio de los desvalidos, y que le puede permitir la justificación de los excesos que protagonizará para el mantenimiento de la paz colectiva.  De ser así, mal la pasarán los manifestantes acusados de “bachaquerismo violento”.