• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dos años de luto

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A dos años de la catástrofe ocurrida en Amuay, la joya de la corona del complejo refinador venezolano está de capa caída pues su capacidad de procesamiento de crudo hoy está reducida sensiblemente, según lo informan los despachos internacionales de noticias, y no logra salir adelante de una vez por todas. Aunque se le busque una explicación técnica a este decaimiento en la actividad de la refinería no es posible conseguir una causa que tenga cierta base de razón.

Era de conocimiento público, y así le advirtieron los expertos de la oposición, que Amuay tenía grandes fallas de mantenimiento, que sus instalaciones presentaban un deterioro injustificable y las medidas de seguridad brillaban por su ausencia, a tal punto que en las zonas de mayor riesgo se permitió la presencia de un cuartel de la Guardia Nacional, habitado por familiares y personal que nada tenían que hacer allí.

Pero el grupito mayor de los embusteros que ocupan hoy la cúpula petrolera inventó de inmediato, seguramente con la ayuda de los cubanos, que lo ocurrido “era una criminal acción de sabotaje”. Les faltó decir que decenas de marines estadounidenses habían desembarcado amparados en la oscuridad de la noche para colocar los explosivos, aflojar tuercas y tornillos y abrir las válvulas de gas venenoso que asfixiaron a las víctimas.

Hay que ser bien idiota para creerse ese cuento chino, en primer lugar porque está lleno de fantasías de la propaganda cubana, en segundo lugar porque dentro de las instalaciones de la refinería y tan cerca de zonas específicamente explosivas no debe habitar nadie, ni civiles ni militares porque el riesgo de accidentes es extremo y quienes estén en los alrededores se juegan la vida a cada momento. Allí sólo puede permanecer personal muy bien entrenado, adecuadamente protegido y solo y únicamente en aquellas ocasiones en que se detecten fallas que deben ser atendidas de inmediato.

La tragedia en la zona de Amuay ocasionó 47 muertos y 135 heridos. Hasta hoy nadie conoce un informe técnico y riguroso que establezca las responsabilidades civiles y penales que deben ser asumidas por los altos jefes que en estos casos no dan la cara y se protegen tras la impunidad que les da el partido rojo rojito para que no les salpique la sangre de las víctimas. Desde luego, cualquier informe que no sea elaborado por una comisión especial independiente, formada por gente de alto nivel técnico y de honestidad comprobada sólo servirá para proteger a Ramírez and company.

Ramírez sabe que cualquier investigación seria le asignará una cuota de responsabilidad, pues cuando ocurrió la explosión y el posterior incendio que mató a humildes soldados, sus hijos, esposas y familiares cercanos él era ministro de Petróleo y jefe de Pdvsa. En vez de dar la cara prefirió anunciar uno de los más grandes embustes de la industria petrolera: “Todo fue producto de un sabotaje dentro de la guerra económica que libra la derecha que nos odia”.