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EDITORIAL

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87 años de Fidel

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Anteayer, el diario Gramma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, evocaba al recién desaparecido “corazón de mi patria” en ocasión del cumpleaños 87 de Fidel Castro, quien alejado del ejercicio diario del poder desde hace 8 años a consecuencia de una grave afección intestinal (que no le fue tratada por médicos cubanos, sino por un especialista español, y por eso sobrevivió) ha sido objeto del previsible ritual de celebración con frases de nuestro comandante ahora tildado de eterno.

“Fidel no le pertenece sólo a Cuba, le pertenece a este mundo nuestro, a esta América nuestra”, es la frase de Chávez que cita el diario cubano para rendir homenaje a Castro. Desde Caracas, Maduro prodiga felicitaciones a las que se suma María Gabriela Chávez quien, en su cuenta de Instagram publicó: “Feliz cumpleaños, Gigante del tiempo. Gracias por tanto ejemplo, gracias camarada maestro. ¡Gracias, abuelo! ¡Felicidades, Fidel!” Y, según el Nuevo Herald, la web Cubadebate rescata citas del poeta español Rafael Alberti y el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín para magnificar el festejo.

Los mandatarios del Alba y los seguidores del trasnochado izquierdismo militante prodigan laudatorias palabras para engordar lo que, en un país normal, sería una crónica social, pero que en Cuba es una gran noticia oficial. Porque Fidel, o lo que queda de él, sigue siendo una figura omnipresente en la escena cubana, al margen de que Raúl sea quien se ocupe de administrar el poder. Es noticia oficial como lo era para el periódico Pravda cada aniversario de Stalin o, para El Diario del Pueblo, el de Mao Zedong.

El líder soviético, a la edad de 75 años, y el chino a los 83, fallecieron aferrados al poder sabiendo que, una vez desaparecidos, se desataría toda clase enfrentamientos, acusaciones, castigos y venganzas en el seno de sus partidos. El venezolano partió a los 59 años de edad dejando una estela de problemas sin resolver o mal resueltos que sus herederos no se atreven a enmendar.
No tienen los arrestos de Jruschov, ni el sentido común de los chinos y del propio Fidel quien, al afirmar que el modelo cubano “no le servía ni a ellos mismos”, colocó a su hermano al frente del gobierno para que llevara adelante una política reformista y de supuesta apertura en la isla.

Tal vez atrapado entre el implacable mal de Alzheimer o quizás en la no menos terrible demencia senil debido a su descuidada forma de vida, Fidel en sus raros momentos de lucidez desentierre recuerdos de la Sierra Maestra y reviva con nostalgia su entrada triunfal a La Habana, en 1959.

Sólo tal vez, porque lo más seguro es que asalten su memoria y sus sueños los espectros de los millares de personas que, sin el debido proceso y mediante juicios sumarios, fueron enviadas con sanguinaria urgencia al paredón o ejecutados personalmente por el Che Guevara, quien sentía especial placer en dispararles en serie a la nuca, uno tras uno.