• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sin mucho amor

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Sin importarle para nada las claras y precisas órdenes que el Consejo Nacional Electoral había impartido a todos los venezolanos y muy especialmente a los voceros del Gobierno y la oposición para evitar cualquier propaganda electoral durante el transcurso de los comicios, el vicepresidente Nicolás Maduro llamó a votar “por amor a Chávez”, propinándole una patada más de las tantas, repetidas y vergonzosas, que los integrantes del CNE han recibido del Poder Ejecutivo.

Desde luego que este hecho hace pensar hasta qué punto estarían de desesperados los jefes regionales y locales del PSUV que decidieron jugarse esa carta demoledora de la escasa y vapuleada credibilidad que al CNE le quedaba en este año oscuro y definitivo para sus integrantes. Maduro no hizo sino confirmar que las reglas y las normas del máximo organismo electoral sólo funcionan para la oposición sobre la cual caen multas y castigos de todo tipo.

Era todo un portento ver la cara de la señora Oblitas amenazando a los comandos partidistas y a los medios de comunicación si se adelantaban en dar cifras sin esperar la palabra santa del CNE que, como siempre, viaja a lomo de morrocoy.

Lo cierto era que, en ese momento, a todo el mundo le importaba los altos índices de indiferencia (algunos lo llaman abstención) que los ciudadanos estaban demostrando ante el llamado electoral para escoger a sus representantes regionales.

No sabemos si la señora Oblitas conoce que entre las responsabilidades del CNE está la de fomentar, facilitar y garantizar los procesos de votación. Ahora bien, si la gente no acude a votar está demostrando con ello no sólo su desconfianza en quienes puedan resultar electos sino también en el Consejo Nacional Electoral.

Rebobinando la película, podemos observar que, en esta oportunidad, la acción divulgativa de las ventajas de acudir a votar fue nula y francamente obstructiva. Los cambios en el tarjetón, la insistencia en mantener una instancia de control con número de cédula y revisión por computadora con la supuesta y única finalidad de mantener informado al oficialismo de quienes han acudido a votar, el boicot publicitario contra los medios de comunicación independientes, son algunas de las tantas “bellas jugadas” del CNE.

Como resultado de todo ese embrollo nos quedó un pequeño broche de oro: más de ocho millones de venezolanos que no fueron a votar, que les supo a nada la democracia, que prefirieron irse a la playa, quedarse en casa o hacer una parrilla que aguantarse las largas colas que se formaron en el proceso pasado. Pero para el Consejo Nacional Electoral la “jornada fue un éxito”.

Lo cierto es que el venezolano está harto de un organismo electoral que no termina de funcionar, que no está a la altura de la hermosa y democrática misión que se le ha encomendado y que, si tuvieran algo patriotismo (una palabrita muy usada hoy) harían sus maletas antes de que el propio Gobierno los ponga de patitas en la calle.