• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La amnistía

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Después del 7 de octubre y de la reelección del Presidente de la República, el clamor por una amnistía general se hace más profundo. Es preciso reconocer las razones que lo inspiran. El jefe del Estado ha sido reelegido por seis años más que, al final del periodo 2013-2019, completaría veinte años de desempeño continuado del poder. Es lógico, por consiguiente, pensar en la necesidad de que el país inicie la nueva etapa dejando atrás los duelos y las querellas del pasado. Nada sería de mayor prioridad que una amnistía general, a través de una ley o por decisión presidencial. Son diversas las iniciativas que ya están en marcha, y son variados los planteamientos que respaldan la solicitud.

Más allá de la banalidad de llamarlos “políticos presos” para quitarse de encima el baldón que siempre trae consigo la expresión “presos políticos”, la cruda realidad es que existe un número muy alto de venezolanos en la cárcel por razones políticas. Quizás esta versión nos evite la tontería del juego de palabras. La mayoría de estos venezolanos tiene ya suficientes años en las prisiones del país, sobre todo en Caracas. No pocos están enfermos, y en la mayoría de los casos las condiciones en que están atentan contra su salud física y mental. Es imperativo que se abogue por ellos, y que sean reintegrados a la libertad.

La justicia ha sido administrada como un recurso político. Abundan los testimonios sobre la materia, y no vale la pena traerlos a colación porque constituyen en sí motivos de irritación. Esto no es posible negarlo, y ya nadie prácticamente se atreve a ello. El Gobierno ha preferido el silencio en lugar de abordar o desmentir los testimonios que se han generado en contrario. Esta es una razón más para justificar la solicitud de amnistía.

No se necesita argumentar en exceso para abogar que se abra un periodo nuevo, y que la toma de posesión del Presidente en enero 2013 sea tutelada por signos más propicios. Esto no sería posible si las cárceles permanecen llenas de venezolanos acusados “políticamente”. Sabemos que abundan casos de todos los géneros, desde eminentemente políticos hasta otros eminentemente económicos, pero que se generaron por crisis arbitrariamente generadas. Todos merecen la libertad, y la posibilidad de regresar a sus tareas cotidianas.

Al iniciarse un nuevo periodo presidencial, conviene despejar el ambiente de injusticias y castigos. Ya están suficientemente profundas las heridas, y es hora de apelar al sentido humano que pueda tener la política. La amnistía general sería una de las vías para superar los odios y rencores que han polarizado a la nación a lo largo de la última década.

Sería deplorable que luego del 7 de octubre, e incluso del 16 de diciembre, la situación de los venezolanos presos por razones políticas se prolongue de manera indefinidida. No se trata aquí de solicitar un gesto, sino de interpretar el hondo clamor que recorre el mapa venezolano: Amnistía, amnistía, amnistía.