• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La amenaza de las colas

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En el primer trimestre de 2016 ha habido en todo el territorio nacional aproximadamente 1.014 protestas, y la mayoría motivadas por exigencias sociales, como la falta de agua, electricidad o comida. Al parecer, el gobierno se ha enterado y por eso saca la cuenta de siempre: si el pueblo protesta, hay que reprimirlo. No hacen falta salas situacionales que los lleven a semejante conclusión, porque ha sido así durante todos estos 17 años rojitos; es ya casi impensable que se reúnan en Miraflores para investigar la causa del descontento con el fin de resolverlo.

Entonces entra en el juego el ministro de la Defensa, y ordena a todos los componentes de la Fuerza Armada Nacional que entrenen soldados para el control del orden público. Parece que tomaron en cuenta la situación, se pasearon por los supermercados y se enteraron de que la gente está molesta, cansada, desesperanzada. Claro, tampoco se preguntaron en ese despacho por qué la gente hace colas, por qué se vienen de otras ciudades del interior al este de la capital a ver qué consiguen.

“Lo que quiero es que venga rápido el referendo o la enmienda, lo que sea, para sacar a esta gente”, le dijo una señora de Santa Teresa del Tuy que hacía cola en un supermercado caraqueño a un periodista de El Nacional. Ella viaja todos los viernes porque en su pueblo no se consigue nada. Esa es la gente a la que le tiene miedo en el gobierno, la que tiene claro que se trata del más ineficiente que ha tenido el país en mucho tiempo, que no es capaz de asegurarle a la población la satisfacción de sus necesidades más básicas.

Pero la solución de los rojitos es entrenar a la tropa para que arremeta contra el que está cansado de las colas, el que está desesperado por conseguir medicinas, el que lleva semanas sin agua corriente en su casa o el que perdió su inversión en electrodomésticos por las fallas de electricidad sin aviso. “Nunca me imaginé que iba a vivir esta situación. Tengo una niña de un año y medio, ¿y qué futuro le espera a mi hija en este país? Yo no me merezco esta vida. Recuerdo que antes con lo que ganaba me podía ir a la playa o al cine. Ahora mi nivel de vida ha disminuido”, le contó otra señora en la cola al reportero.

Pero la miopía en Miraflores está llegando a ceguera. Seguramente están pensando que el imperio está armando focos de protesta, como la de los médicos la semana pasada, que se quejan de que no tienen cómo salvar a sus pacientes. O que Obama personalmente está armando guarimbas que habrá que combatir con la fuerza de los soldados de la patria. Y por eso inventaron el entrenamiento especial de orden interno Guaicaipuro 2016 para adiestrar a los soldados “en el uso controlado, progresivo y diferenciado de la fuerza solo cuando exista el estado de necesidad, sea conveniente, oportuno y proporcional a la amenaza… con el fin de garantizar la paz social y los derechos ciudadanos”.

Y hay que preguntarse, ¿quién está vulnerando los derechos ciudadanos? ¿El que hace la cola, el que protesta, el que pelea por comida o el que no permite que se produzca suficiente para que alcance para todos?