• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La agonía de un preso

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La situación del comisario Iván Simonovis, preso en la cárcel de Ramo Verde, cada día tiende a complicarse más: no sólo sufre 19 patologías diferentes, de acuerdo con todos los estudios médicos que se le han realizado, sino que ahora ante tantas injusticias del Poder Judicial venezolano en su contra decidió iniciar una huelga de hambre que, sin lugar a dudas, podría costarle la vida.

El comisario Simonovis se ha convertido en un caso emblemático dentro del cuadro de descomposición moral y ético del Poder Judicial venezolano. Pareciera que en estos quince años de gobierno bolivariano un manto de sombras encubre toda clase de zarpazos contra las leyes y que aquella tan anunciada esperanza de una renovación a fondo de la justicia no va a existir jamás.

Decenas fueron los editoriales que, desde este diario, se le dedicaron a la reforma del Poder Judicial encabezada por tres reconocidos abogados y profesores universitarios, de larga trayectoria y formación crítica. Existía unanimidad en aceptar que era posible hacer una limpieza a fondo del sistema judicial y renovarlo al punto de hacerlo funcionar más allá de los intereses políticos y particulares que tanto daño le había causado en el pasado.

Vana fue esa esperanza cuando hoy no sólo hablamos, algo por demás insólito, de sentencias dictadas públicamente desde el Poder Ejecutivo, sino que han renacido las prácticas de torturas o tratos crueles, inhumanos o denigrantes por parte de las autoridades policiales sin que se haga presente la Fiscalía e imponga las medidas que ordena y administra el ministerio público.

Basta con examinar el caso de Simonovis. Ya son más de dos años pidiendo una medida humanitaria que está claramente establecida en nuestro Código Orgánico Procesal Penal destinada a personas que se encuentran con enfermedades graves y que, incluso, establece que en caso de recuperación la persona debe volver a su sitio de reclusión. No hay dudas de que a Simonovis le corresponde esa medida debido a lo precaria de su salud.

El ensañamiento judicial contra este venezolano parece no tener límites, y que todo el odio acumulado de un miembro del alto gobierno ha sido descargado en el comisario Simonovis, sin importarle que, poco a poco, van conduciéndolo a la muerte en su absurdo empeño de no darle la medida humanitaria que tanto ha solicitado.

Aun y cuando el presidente Nicolás Maduro dice que solo tiene osteoporosis que puede ser tratada sin problemas en el centro donde está recluido, cosa que hasta donde se sabe no está sucediendo, nada dice de la medida humanitaria otorgada recientemente al ex alcalde de Valencia, Edgardo Parra, quien se encuentra acusado de presuntos actos de corrupción y que gracias a una medida humanitaria otorgada hace poco regresó a su casa por sufrir de hipertensión.

En estos tiempos en que hablamos de diálogo y construir la paz, el dar una medida humanitaria al comisario Simonovis encuadraría perfectamente dentro de esos deseos de buena parte de los venezolanos. Las retaliaciones de algunos funcionarios del Estado venezolano contra Simonovis no dan fe cierta de esos deseos de diálogo y de paz, sino que más bien incentivan al odio y la grave polarización que existe en el país.

La situación de Simonovis es grave y de continuar con la huelga de hambre que ha iniciado podríamos tener un nuevo Franklin Brito a quien la indiferencia del Estado llevó a la muerte. Un Estado que se autocalifica como respetuoso de los derechos humanos no puede continuar con esta forma de tortura continuada al comisario y a su familia que sufren por igual toda esta historia de horror que les está tocando vivir.