• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El agente Villegas

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El historiador Germán Carrera Damas ha escrito sobre la Guerra Federal, para regocijarse con el Decreto de Garantías que el mariscal Falcón promulgó después de la contienda y en el cual se estableció la inviolabilidad del hogar doméstico. Se acabó el fisgoneo en Venezuela, nadie se va entrometer en las situaciones de su casa, y cuando se trate de un hecho delicado para la república se seguirá un cuidadoso proceso que permitirá después, con todas las cautelas, la averiguación de la vida privada, dispuso el documento. Una conquista de la sociedad que ha salido de una matazón pavorosa para que los derechos de la ciudadanía dejen de pasar los malos tragos del pasado, ha dicho y escrito Carrera Damas.

¿Mantiene hoy su vigencia el mencionado Decreto de Garantías, y otras regulaciones que lo perfeccionaron después? Una conversación del historiador con la dirigente María Corina Machado, efectuada en la intimidad de la morada de quien había escrito con entusiasmo sobre los progresos de la república en el siglo XIX, fue ventilada por el ministro de Información y por el alcalde del municipio Libertador.

Lo que era íntimo se convirtió en correveidile popular. Las cuatro paredes de una casa fueron derrumbadas con alevosía para que la rutina de un individuo que, en teoría, puede moverse a sus anchas allí sin molestar al vecindario, se volviera espectáculo público. Para colmos, la grabación se presentó en el Teatro Nacional. No quedaba así duda de las intenciones de quienes, según seguramente sintieron con satisfacción, hacían de la intimidad un estropajo al servicio de cometidos subalternos. Desde el escenario, con bombos y platillos, telón arriba y luces encendidas.

Es evidente que, para hacer el espectáculo, el ministro y el alcalde dieron luz verde a procedimientos propios de los bajos fondos: seguimiento de la rutina de las víctimas, violación de los hábitos de personas, cuyos movimientos solo incumben a la policía en situaciones de urgencia; entrada irregular en un apartamento y colocación de dispositivos de espionaje a través de los cuales se captara lo que hablasen de la sociedad y la política.

Pero también podían escuchar o anotar cualquier tipo de reacción sobre asuntos de familia, o sobre las simpatías o las antipatías que usualmente se manifiestan en un domicilio sin oídos extraños. Un caso semejante sólo sucede en el seno de una autocracia desenfrenada.

No estamos ante un asunto que incumbe solamente a dos ciudadanos acosados. El episodio descubre procedimientos violatorios de la ley y del simple decoro, que nos atañen a todos y reclaman una rigurosa investigación. Ayer ellos, mañana cualquiera, según decidan unos funcionarios rojos rojitos. Quizá el profesor Carrera Damas esté revisando lo que escribió sobre el Decreto de Garantías. Mientras tanto, nosotros podemos ver de nuevo La vida de los otros, célebre film alemán.